2.02.2011

No a la extradición de la insurgencia

2011-01-16 - abpnoticias - Gerardo Liévano -"El afán de patrimonializar las luchas y de hacerlas entrar por los cauces de línea estrecha de una secta política determinada, sólo pone en evidencia las propias miserias, el afán de competencia entre facciones a las que antes que nada les importa su propia supervivencia en el supermercado de las ideologías". Argia Landariz.
Cordial saludo Camaradas. Propongo que este foro, en su declaración final, rechace la actual política gubernamental de extradición de insurgentes colombianos de las FARC y el ELN hacia Colombia, y exija una rectificación por parte del Gobierno Bolivariano.

Quiero empezar mi argumentación citando a Pedro Echeverría en su “Carta abierta Chávez”: “Pareciera que el presidente Chávez ignora que vale más morir de pie que vivir de rodillas, que nunca ha oído hablar de internacionalismo ni mucho menos de la
inexistencia de las fronteras nacionales establecidas por las clases dominantes. ¿O es que Simón Bolívar no habló de la Gran Colombia? O, por el atraso del XIX, ¿no entendió que las fronteras y nacionalismos enfrentan a los pueblos? ¿Olvidas que los guerrilleros
colombianos luchan por lo mismo que tú?”

Cito de manera especial a Javier Monagas Maita en su artículo “El pueblo colombiano, la relación Santos, Chávez, ELN, FARC”: “No me parece justo que el gobierno de Venezuela entregue a las huestes criminales de la oligarquía colombiana, a esos hombres y mujeres, que se sacrifican por tratar de dar una solución por la única vía que les queda (la armada), al pueblo acosado de Colombia”.

Y continúa Monagas: “Eso no es revolucionario, ni táctico, ni estratégico” Mucha razón tiene Monagas, Camaradas: esa actitud, esa (falta de) conducta, así quiera ser maquillada como un “Asunto de Estado” o de “Interés Nacional” no es revolucionaria. Es caer en la trampa de ver la extraterritorialidad de los conflictos desde el punto de vista del imperio y de los gobiernos arrodillados como el colombiano, que con su dulce veneno propagandístico logra seducir a algunos políticos y que se expresa claramente en su
repentino y grosero cambio de discurso: si los grupos guerrilleros FARC y ELN antes eran revolucionarios y dignos de ser reconocidos como “fuerza beligerante” ahora llanamente son “terroristas”. Los comunicados de la Cancillería venezolana hablan de “expulsión” en vez de extradición, y de “elementos vinculados a ciertos delitos” en lugar de guerrilleros,
intentando disfrazar en la semántica un asunto que es de principios; de principios
revolucionarios.

El término “internacionalista” es comúnmente usado a partir de la Guerra Civil Española para referirse a personas que salen de su país de origen para luchar por una causa justa y libertaria en otra tierra. El internacionalista revolucionario cree en una revolución sin fronteras.

Mariátegui describe el internacionalismo no solo como una idea sino como una necesidad histórica creada a partir de los vínculos y conexiones en que se desarrolla la vida de la civilización. Y hace una clara distinción entre el “internacionalismo burgués” y el “internacionalismo obrero” que tienen un origen común pero opuesto al mismo tiempo.

Según Lenin, el internacionalismo consiste en afirmar, actuando en consecuencia, que el interés de la revolución está por encima de la integridad territorial, de la seguridad, de la tranquilidad de éste o aquel, y con más exactitud del propio Estado nacional.
Para el Che, el internacionalismo es un deber y al mismo tiempo, una necesidad revolucionaria ineludible.

El Che, al igual que Bolívar, representa el perfecto ejemplo del ser internacionalista. Una definición marxista y gramsciana del internacionalismo sería: "la concepción que sostiene la necesidad de la unión y de la ayuda recíproca entre las fuerzas revolucionarias
de todo el mundo y se opone en particular al nacionalismo y el imperialismo”.

Tampoco es táctica. Cito aquí a uno de los golpistas escondidos en Miami, el ex capitán Marco Ferreira Torres, de la organización "Venezolanos en el Exilio" patrocinada por la CIA: “Antes de que Hugo Chávez se constituyera en la pesadilla de la mayoría de los
venezolanos, el problema de la guerrilla en la zona fronteriza ya existía. En aquellos años, los guerrilleros atacaban nuestras instalaciones militares o a nuestros hombres y luego huían hacia Colombia, razón por la cual los militares abogábamos por la aplicación de la “persecución en caliente”, que no era más que un mecanismo para continuar la persecución de los forajidos más allá de la línea fronteriza en el momento de la contraofensiva ante alguno de sus ataques”. Recuerdo la época en que Ernesto Samper, presidente colombiano, era cuestionado por sus vínculos con el narcotráfico y Venezuela pretendió una persecución en caliente de la
guerrilla. Colombia se opuso.

Eran los tiempos de la derecha, tanto aquí como allá, y sin embargo, ¡no lograron un acuerdo como el que paradójicamente observamos hoy! Recuerdo también algunos pronunciamientos de las FARC: “El fallido golpe al presidente Chávez el 11 de abril del 2002, el azuzamiento sistemático para desestabilizar la frontera colombo venezolana, los evidentes e ininterrumpidos esfuerzos desestabilizadores en varios de nuestros países hacen parte de esta nueva ofensiva del Estado gringo y la reacción
continental contra los inatajables avances integracionistas y el creciente sentimiento antiimperialista de nuestro continente, enmarcado en la concepción bolivariana de la independencia, es decir, en el combate frontal de las mayorías oprimidas contra el poder
colonial y las oligarquías criollas, o en otras palabras, en la lucha de clases por la liberación de los oprimidos, de la confrontación social y política por la democracia para desarrollarla a fondo incesante e ininterrumpidamente, enraizada en lo mejor y más avanzado de nuestras tradiciones, signada por nuestras particularidades e idiosincrasia como parte de un proceso auténticamente latinoamericano en marcha al socialismo”. O este otro, de septiembre de 2008: “Al pueblo venezolano le exhortamos a prepararse para la lucha antiimperialista. Y solamente la acción revolucionaria nos prepara para ese fin. Es necesario acompañar con el corazón pero también con práctica diaria a los líderes del proceso revolucionario, a quienes reiteramos nuestro gran respeto y admiración. Les aseguramos que -si fuese necesario-
seremos los primeros en el frente de batalla.

La visión marxista y bolivariana de nuestra fuerza, instituida y cimentada por el camarada Manuel así lo exige”. ¡Ante la mano amiga, se responde con extradiciones! No es un secreto que las guerrillas colombianas constituyen un factor determinante en la protección de la frontera venezolana ante la penetración y arremetida de los grupos paramilitares asociados con los terratenientes y narcotraficantes. Y un factor de disuasión ante las belicosas aventuras transnacionales del propio gobierno colombiano. Pero, el presidente Chávez conmina a las FARC y al ELN a dejar la lucha armada porque “no tiene sentido, no tiene futuro” y las exhorta a que abandonen las armas y busquen otros métodos de lucha. Y mas recientemente, el Ministro de la Defensa informa sobre el desarrollo de
una política de protección fronteriza ante la penetración eventual ¡de la guerrilla! Esto de cierta manera avala la política de Santos que es la misma de Uribe y es una bofetada para la guerrilla colombiana. Esto no es estratégico.

No es estratégico mostrar debilidad ante el imperio o sus satélites porque para el inconsciente colectivo se está afirmando su superioridad o se le concede “tener la razón”; tampoco lo es actuar incoherentemente con los principios que se dice defender porque se
pierde liderazgo y autoridad moral ante los propios compañeros; y mucho menos lo es utilizar “mecanismos binacionales” como la extradición para complacer al vecino porque se pone en tela de juicio y en peligrosos dilemas y contradicciones la integridad del propio
sistema de justicia, uno de los pilares de la revolución. ¿Qué sucederá cuando el heredero de Uribe reclame a los cientos de miles de colombianos refugiados en este país víctimas del terrorismo de estado por sus supuestos vínculos con la guerrilla? ¿O cuando solicite a los miles de patriotas venezolanos por sus simpatías con los “terroristas”? ¿Se extraditará al Camarada Presidente de la Asamblea Nacional, Fernando Soto Rojas, por la develación del busto de Marulanda? ¿O a algún importante líder del PSUV que ha declarado su convicción de que la lucha armada tiene vigencia? ¿A algún participante de este Encuentro?

No hablo a nombre de las FARC o el ELN quienes durante sus casi 50 años de digna lucha jamás han pedido ni cuartel ni especial trato.
Como internacionalista militante y como ciudadano, solicito del Gobierno Bolivariano un mayor análisis de la realidad del conflicto social y político que viven los colombianos y rechazo las extradiciones.

Como revolucionario, exijo una rectificación.


Gerardo Liévano
g.liev@hotmail.com

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