3.31.2010

SALUDO A LAS MUJERES COLOMBIANAS CON MOTIVO DEL 8 DE MARZO

Actualmente alrededor del 30% de los integrantes de las FARC-EP son mujeres.

Hoy con motivo del día internacional de la mujer, cabe entonces, preguntarnos: ¿Qué ha llevado a las mujeres colombianas a vincularse de manera activa, y en tal proporción, a la lucha armada en nuestro país? ¿De dónde brota esa decisión que impulsa a las jóvenes colombianas, del campo y la ciudad, a tomar la decisión de empuñar las armas, del lado de la revolución, asumiendo retos y sacrificios que por su naturaleza parecieran reservados a los hombres?

Intentar una respuesta objetiva a estos interrogantes, necesariamente implica remitirnos a las causas que originaron el conflicto social y armado en nuestro país; mencionar los factores que lo alimentan prolongándolo en el tiempo, y que lo potencian, hasta adquirir la dimensión de tragedia nacional, que es la forma como podemos calificar la actual situación del país.

Como consecuencia del desenlace de la guerra de independencia, a los más de trescientos años de dominación colonial española, no siguió el surgimiento de una gran república de naciones hermanas, soberanas e independientes, como era el proyecto del Libertador; por el contrario, terminaron por imponerse los intereses mezquinos de una casta oligárquica interesada en romper los lazos con España con el único fin de asumir el papel de clase dominante de la sociedad, sin tocar para nada el sistema de discriminación y explotación que pesaba sobre las amplias masas de esclavos negros, indígenas, campesinos pobres y artesanos, verdaderos artífices de la gesta libertadora.

Para el caso colombiano, se trata de una casta oligárquica que desde muy tempranas horas asumió la violencia, la conspiración, la calumnia y el atentado personal contra los opositores, como prácticas corrientes de su quehacer político, y así será por siempre hasta nuestros días.

Es la amalgama de intereses económicos y políticos del latifundio, del capital industrial y financiero, de los monopolios extranjeros y las mafias del narcotráfico, junto a este tipo de prácticas, la que va configurando a lo largo de nuestra historia, con distintas manifestaciones, el estado militarista que hoy toma cuerpo en su expresión más monstruosa: El narco-paramilitarismo, con su renuncia total y absoluta al ejercicio de la soberanía para entregarla a los gringos a cambio de protección para sus privilegios e impunidad para sus crímenes.

Es allí; y en la histórica y sistemática lucha de resistencia del pueblo colombiano, bajo las más variadas formas, contra ese estado de cosas, donde se hunden las raíces que nos llevan a comprender la realidad del conflicto social y armado que hoy nos enfrenta a los colombianos y en desarrollo del cual, las mujeres colombianas van adquiriendo cada vez mayor protagonismo a la par con otros espacios de la vida nacional.

Hecho natural, si tenemos en cuenta que son las mujeres, las más afectadas por el sinnúmero de lacras sociales derivadas del sistema capitalista predominante a nivel mundial, agravadas en el caso colombiano por la dependencia, el atraso, la deformación y la remanencia de relaciones de producción pre-capitalistas.

Para nadie es un secreto que son ellas las más afectadas por el flagelo del desempleo y la informalidad laboral, un mal que afecta hoy día a más de tres millones de colombianos: Otras veces, obligadas por la necesidad, terminan aceptando menor salario por igual trabajo que los hombres.

Es la mujer la que debe soportar en mayor medida la angustia de ver morir a sus hijos por física hambre: En Colombia, óigase bien, 5.000 niños mueren cada año por hambre. 14 cada día. Mientras que una tercera parte de los niños menores de cinco años, padece anemia. Enfermedad que afecta también a 45 de cada cien mujeres gestantes.

Igual sucede con la educación; sólo uno de cada tres menores de 5 años recibe algún servicio de cuidado o educación. Y otra vez, son ellas las más afectadas al verse obligadas a dejar sus hijos bajo el cuidado de personas sin ninguna preparación para proporcionar atención adecuada a los infantes.

No en vano Colombia está entre los cinco países con peor distribución del ingreso en el mundo. Siendo las mujeres, nuevamente, las más afectadas por todas las secuelas que de allí se desprenden: falta de vivienda, salud, educación, hacinamiento, carencia de servicios básicos, marginalidad, etc.

Son las mujeres de nuestro pueblo la más afectadas por fenómenos sociales como el creciente aumento de los embarazos de adolescentes y los más de 1.000 abortos diarios que se presentan en el país sin las mínimas garantías sanitarias, poniendo en grave riesgo su vida y salud; para no hablar de las miles de ellas degradadas de su condición, y ultrajadas al extremo, al ser empujadas a la prostitución como única alternativa para sobrevivir.

Condición, que hoy día afecta a cerca de 35.000 menores, que se calcula hay en el país, bajo la esclavitud de la explotación sexual; y, a cerca de los cuales, no dicen nada los titulares de la hipócrita prensa burguesa, mientras rasga sus vestiduras, por la rabia que le produce la presencia de jóvenes de 15 años en las filas insurgentes.

Son las mujeres y los niños, la mayoría dentro de la población desplazada; víctimas del terrorismo para-estatal que los despojó de sus tierras. Son ellas y sus hijos quienes reciben con mayor impacto las consecuencias de todas las manifestaciones del terrorismo estatal. El 30 por ciento de los niños colombianos crecen solamente al lado de la madre.

Y así, pudiéramos seguir señalando hasta el cansancio los innumerables males sociales que agobian a nuestro pueblo, y de manera particular a la mujer colombiana. Cruda realidad que por más esfuerzo que se haga para maquillarla, por parte de los voceros del régimen, golpea duramente la vida diaria de millones y millones de compatriotas.

Realidad que termina generando lo que alguien llamó en su momento “causas objetivas de la subversión”, y que con el correr del tiempo, han ido determinando la vinculación de centenares de jóvenes colombianas a la lucha armada revolucionaria.

Lo que verdaderamente impulsa a las jóvenes colombianas a levantarse en armas contra el régimen, es precisamente el propio régimen. Es la negativa de la mujer a someterse a las reglas del sistema imperante; es su rebeldía y deseo de transformar un sistema social que sólo pone los ojos en la mujer para ver en ella maniquíes a través de los cuales promocionar sus mercancías, estereotipo de muñecas producido en serie para el consumo. Es ese el motor de su radical decisión y no otro.

Y es aquí, en las filas guerrilleras, donde la mujer encuentra la antítesis de ese sistema de valores; aquí, porque una organización revolucionaria de nuevo tipo como las FARC-EP; donde no existe la propiedad individual, más allá de las cosas estrictamente de uso personal, genera las condiciones para la plena realización de la mujer; por la sencilla razón de que aquí todos estamos en igualdad de condiciones para aportar en las distintas tareas y misiones de acuerdo a nuestras capacidades y en esa misma medida recibir el reconocimiento colectivo.

Es la fragua de la lucha revolucionaria, la encargada de ir forjando elevados valores, en la mujer guerrillera partir de los valores propios de la mujer colombiana; aquellos que se hacen presentes en los millones y millones de mujeres campesinas, obreras, empleadas, amas de casa, maestras, profesionales, artistas, técnicas, artesanas, estudiantes, activistas sociales, etc., que de manera anónima cada día aportan lo mejor de sí para el progreso de la patria.

Es a ellas, a quienes dirigimos nuestro saludo, para ellas nuestra voz de aliento e invitación para que se vinculen activamente a la lucha por cambiar el régimen de terror que hoy nos explota y oprime por igual a todos los colombianos, hombres y mujeres.

A todas las mujeres, a aquella mujer heredera de las mejores tradiciones de lucha de nuestro pueblo; aquella que con su valor, entrega y sacrificio ha dado su invaluable aporte a la larga historia de lucha del pueblo colombiano, porque no podemos olvidar que Cacica Gaitana, fue el nombre que tomó la resistencia a la invasión Española; como Manuela Beltrán fue conocida después, en forma de insurrección comunera; reaparece llamada Policarpa Salavarrieta conspirando en Santa Fe de Bogotá; monta a caballo en la filas del Ejército Libertador y ahora se llama Manuelita Saenz; En la protesta que llega con el nacimiento de la clase obrera colombiana se llamará María Cano; Miriam Narváez y Judith Grisales son los nombres que adopta en Marquetalia.

En las FARC-EP, nos sentimos orgullosos de contar por centenares las mujeres en nuestras filas y estamos convencidos que de prolongarse el conflicto, cada día esa proporción será mayor, como reflejo en nuestras filas de la composición de la población colombiana mayoritariamente femenina.

Por eso, hoy, queremos resaltar vuestra abnegada participación en el cumplimiento de las tareas del plan estratégico de las FARC- EP, diseñado y desarrollado por los camaradas Manuel, Jacobo, Nariño, Raúl e Iván, entre otros miles, que han dado hasta el último aliento de sus vidas por hacer realidad el sueño de millones de colombianos de una Colombia en paz, con justicia social, democracia y soberanía.

En este día, no podemos dejar de traer a la mente colectiva el recuerdo de las guerrilleras caídas en los campos de la patria en cumplimiento de su deber revolucionario y de aquellas que tras las rejas pagan su osadía de luchar por un mañana mejor para todos los hijos de la patria

¡Hemos jurado vencer y venceremos!
¡La patria se respeta, fuera yanquis de Colombia!
Montañas de Colombia, marzo 8 de 2010.
Estado Mayor Bloque Oriental.
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
FARC-EP

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