3.02.2010

En Bolívar nos encontraremos y construiremos la nueva Colombia.

Álvaro Uribe cojea al igual que su gobierno ilegitimo, la justicia también cojea pero como el adagio popular: llegara más temprano que tarde para redención del pueblo.

La seguridad democrática es un cadáver putrefacto que huele a sangre de campesino y tierra arrasada, huele a glifosato y a falso positivo, para los mas pudientes es imposible percibir el hedor que emana del congreso nacional y la casa de “Nari”; pero la comunidad internacional conoce el origen de las cifras optimistas del estado pues saben a que huele el fascismo y por ello la podrida oligarquía tiembla de miedo pues es directa responsable de la tragedia que vive el pueblo colombiano. Ahora el mundo conoce la alianza entre narcotraficantes, paramilitares, terratenientes y empresarios que actualmente gobierna a Colombia, alianza siniestra que pretende a punta de moto sierra detener el despertar del pueblo amado de bolívar, la oligarquía se ahoga en su ponzoña ante la inminencia de la paz con justicia social. Los espera la justicia internacional.

La oligarquía no está en el poder para producir los cambios que necesita nuestro pueblo, es claro que sus políticas van en contra de la paz y además en contra de aquellos que quieren una patria democrática, con justicia social y soberana. Los directos responsables de la situación que hoy enfrenta el país son los integrantes de la clase política y económica dirigente, que por mantenerse en el poder hacen uso de una guerra sucia; guerra sin reglas enmarcada en el crimen y la violencia para imponer su propia ley. Es esta clase dirigente la que ha entregado la soberanía de nuestra Colombia Bolivariana al peor enemigo de la dignidad en el mundo, el imperio yankee.

Las bases militares imperialistas, los acuerdos con el FMI, la intervención directa en las decisiones políticas y económicas del tío Sam en nuestra nación, se convierten hoy en nuestro mayor problema pero no es superior a nuestro imparable anhelo de respirar el aire de la libertad, la dignidad y la soberanía. El gobierno de Uribe Vélez en Colombia es el mayor obstáculo para los procesos de liberación y unidad en nuestra América Latina, este gobierno apátrida ha convertido a Colombia en el Israel de América, en el portaaviones de los gringos, en una patria prostituida. El tío Sam asecha con sus bases en nuestro territorio el progreso de dichos procesos que se dan en nuestros pueblos hermanos con el objetivo de eliminar para siempre el espíritu de Bolívar que camina por todo el continente. La llamada “Fuerza Pública” nacional es arrastrada y subordinada ante el ejército yankee sin rubor, han perdido hasta el honor militar.

La pregunta es ¿En esa medida qué intereses representa la llamada Fuerza Pública? No es difícil encontrar esa respuesta; representa los intereses de los ricos, de los explotadores, de los gringos, del neoliberalismo, de su política y su expansión a expensas de la represión a los pobres, de la explotación, de la colonización. A esta situación degradante los revolucionarios de Colombia oponemos un proyecto socialista que sin duda será el camino hacia el futuro, hacia la nueva Colombia. Es así, como es evidente la imperiosa necesidad de disolver esa falsa institucionalidad para abrir camino con las Fuerzas Armadas Revolucionarias del pueblo a la unidad, la reconstrucción y la reconciliación de esta Colombia fracturada gracias a los intereses egoístas de clase.

El proyecto que se trazo la oligarquía guerrerista hace unos años de “refundar la patria” al estilo narco paramilitar, fracaso! Como a lo largo de la historia, el pueblo colombiano se resistió a la imposición de un modelo político, social, militar excluyente y apátrida; son ya siete años de la más dura represión y señalamiento, siete años de un gobierno sin dignidad ni escrúpulos que se ha dedicado a entregar nuestra soberanía, nuestros recursos y nuestro futuro a las potencias mundiales y a las empresas transnacionales. Es patriótica la resistencia de la insurgencia colombiana.

No esperábamos menos, la esencia de la oligarquía colombiana es la ilegalidad y el crimen, a lo largo de nuestra corta y penosa vida republicana la clase dirigente colombiana se ha caracterizado por ser asesina y recurrir a los métodos como la la manipulación de la información con ayuda de los grandes emporios de la comunicación quienes con actitud amañada mantienen y agudizan más la ignorancia y la miseria del pueblo para mantener los privilegios ganados sobre la sangre de cientos de miles de víctimas inocentes, los oligarcas pretenden construir legitimidad con metralla y bombardeo, nada mas ilegitimo que este régimen narco paramilitar, mafioso y criminal de Álvaro Uribe Vélez.

Bolívar caló hondo en el pueblo colombiano, nos enseño el amor por esta tierra y por la libertad que de ella es natural, cuando su proyecto fue traicionado se convirtió en rebelión y lucha, se convirtió en subversión y resistencia que perdura hasta nuestros días en las montañas de la dignidad, las montañas de Colombia.

La Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar fue la máxima expresión de lucha armada articulada del pueblo colombiano, hizo palpable la Unidad Insurgente y Revolucionaria, aglutino organizaciones sociales simpatizantes con la insurgencia y la mezclo con capacidad militar ofensiva que puso en jaque al Estado colombiano, lograron (con la unidad alcanzada política y militarmente entre las FARC-EP, la UC-ELN, el EPL, ADO, PRT, M19) materializar duros golpes militares al ejercito oficial para así sentar al gobierno a negociar la paz, tras lo cual; el pueblo vio posible ver realizados sus sueños de paz con justicia social y no “la paz de los arrodillados” que mencionara Jacobo Arenas. Gracias a la voluntad de paz de la CGSB las organizaciones revolucionarias y el pueblo concentraron sus esfuerzos para tomarse el poder dentro del juego de la democracia burguesa creando la Unión Patriótica como opción política para concretar el fin mencionado, pero todas estas ilusiones de paz fueron masacradas a tiros por la oligarquía con el genocidio político de la UP y el bombardeo a casa verde el día que se votaba la nueva constitución del país.

La clase dirigente no representa los intereses de los sectores populares, ellos optan por llamar a los integrantes del ejército revolucionario “narco-terroristas” como si esto fuera a deslegitimar la lucha y el sueño de gobernar y administrar nuestra nación por un futuro mejor. Esta conceptualización por parte de los integrantes del narco-estado que hoy dirige los rumbos del país, en apoyo a las políticas de Estados Unidos, son la muestra de que para la oligarquía es más fácil hacer la guerra que sentarse a hablar de paz, esta denominación implica la falta de reconocimiento del enemigo y la negación total de la realidad q vive el país. El propósito siempre es y ha sido ganar el reconocimiento del pueblo y conquistar la beligerancia política frente al sistema jurídico internacional en medio de la lucha político-militar que adelanta el pueblo colombiano para poder construir un Nuevo Gobierno, el gobierno del pueblo.

La Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, hace palpable el ideal bolivariano de la Unidad para conquistar la libertad, ideal que trasciende las particularidades y pone énfasis en someter al Estado mediante la unidad combativa del movimiento insurgente. Y es que el Estado fue sometido, por no decir arrinconado, obligándolo a que brindara las condiciones para que dichos diálogos fueran acometidos, como se anota arriba, la Unidad fue la clave que posibilitó el consiguiente arrinconamiento del Estado, la unidad con la claridad de que el combate era por la paz logro la articulación de las guerrillas colombianas, articulación que renace en nuestros días para luchar contra el imperio gringo.

La paz trasciende el acto de abandonar la lucha armada y entrar a jugar bajo las reglas que se imponen en el régimen político colombiano, la paz será lograda tras la eliminación de las causas objetivas del conflicto y la inclusión de todos los sectores sociales, políticos y económicos del país, la paz se logra cuando conquistemos y universalicemos derechos como la salud, la educación, el trabajo y por encima de todos el ideal de justicia social.

Es relevante este análisis, pues en su construcción no hay otra motivación que la de poner de manifiesto la situación concreta a la que nos enfrentamos como movimiento social y político teniendo en cuenta la historia del conflicto armado y la resistencia en Colombia, antes de proceder en la consecución de un movimiento amplio de masas debemos ser prudentes y utilizar la táctica y la estrategia frente a los desafíos que nos presenta el Estado colombiano y en especial su gobierno que no hace otra cosa que impedir la participación tanto de colectividades como de individuos, poniendo especial atención en impedir la de los primeros pues atenta contra su esencia misma, el imperio yankee también avanza para impedir el nacimiento de la nueva Colombia juntos con los lacayos criollos pretenden favorecer la desigualdad y el fraccionamiento de las clases empobrecidas del país para con ello minar nuestra moral revolucionaria y profundizar el sometimiento de mano de obra a las necesidades del mercado internacional.

En esa medida, nuestra misión es seguir trabajando en el impulso y organización del proyecto revolucionario para alcanzar los objetivos libertarios que hoy nos unen. La articulación de los distintitos sectores sociales con la insurgencia como vanguardia y garantía es prioridad para combatir la y represión, la desinformación y el fascismo de la que son víctimas nuestros compatriotas, además, cómo movimiento político revolucionario debemos invitar al pueblo colombiano a no ser indiferente ante su realidad, por un bien propio, por el bien de la unidad, aquella unidad que nos dará la libertad y la paz construidas por medio de vías políticas y enmarcada en una conquista del pueblo y para el pueblo.

Núcleo bolivariano Juan de la cruz Varela.

Año del bicentenario.

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