3.31.2010

Manuel Marulanda Vélez a dos años de su desaparición física

Manuel Marulanda Vélez a dos años de su desaparición física

Un Símbolo Vigente !

Para el joven campesino Pedro Antonio Marín fueron muchos los interrogantes que le surgieron cuando en aquellos años aciagos de finales de la década del 40 en el siglo pasado fue asesinado el líder Jorge Eliecer Gaitán y a partir de ahí el Estado desata la más atroz violencia en campos, pueblos y ciudades que lo obliga, al igual que cientos de miles de campesinos, a “enmontarse” para salvar la vida.

Es ese trasegar por veredas y montañas, viviendo la barbarie desatada por quienes detentaban el poder y en medio de la desolación, muerte y destrucción que encontró a su paso, obtuvo las respuestas a sus inquietudes viendo el panorama cada vez más claro: era una violencia ejercida directamente por los de arriba contra los de abajo, una barbarie contra el pueblo. Y así, juntándose con otros que al igual que él vivían la misma situación y se resistían a dejarse matar en forma inerme, organiza los primeros núcleos de resistencia armada.

Y es en ese batallar inicial por conservar la vida en que afloran todas sus potencialidades como conductor y líder excepcional, cualidades estas que se elevan a la máxima potencia cuando en su camino acoge las ideas revolucionarias y asume como guía la doctrina marxista leninista, reafirmando con ella lo que la experiencia ya le venía demostrando: la solución no podía ser individual, se está frente a un problema social con un trasfondo económico que es lo que toca transformar.

Desde ese momento mantuvo la conciencia de la necesidad de un cambio radical y dedico todas sus energías a crear la certeza de esa posibilidad, por eso, en un acto simbólico de profundo significado asumió el nombre del dirigente obrero Manuel Marulanda Vélez, vilmente asesinado por la dictadura.

Siempre soñó y creyó en la paz. No en la paz de los sepulcros que ofrece la oligarquía. No. En la paz de la reconciliación y reconstrucción de nuestra patria sobre cimientos nuevos que garanticen una repartición más equitativa de la riqueza, que se respete la dignidad y sea el hombre como ser humano el centro fundamental de la vida en sociedad.

A dos años de la desaparición física del camarada Manuel Marulanda Vélez, su imagen emblemática crece como símbolo para los pueblos del mundo que buscan en la rebelión armada el camino de un futuro mejor.

El mito que rodeara la leyenda en vida del más antiguo jefe de guerra de guerrillas móviles se agiganta en una proporción contraria al decrecimiento del papel jugado por sus enemigos de clase. Uribe Vélez a 5 meses de terminar su segundo mandato, es una cifra más de quienes pasaron por la casa de Nariño y juraron desde las alturas del poder burgués acabar con el hombre y con el mito. Los seres diminutos simplemente pasan, los grandes trascienden.

Hoy vemos que 46 años de resistencia iniciada en Marquetalia son la obra práctica y teórica del camarada Manuel Marulanda y Jacobo Arenas y sus nombres como precursores de la segunda independencia crecerán con el tiempo y las nuevas victorias por venir. En cambio, tanto el régimen oligárquico que ellos combatieron y sus figuras más destacadas se retuercen en el estercolero de la infamia y del olvido.

Con el fracaso de la pretensión reeleccionista del presidente paramilitar, se hundió a buena hora la horrible noche parauribista en Colombia. El empuje de un pueblo, la resistencia armada guerrillera, un contexto internacional cambiante y la dignidad de algunos magistrados lograron atajar ambiciones personales del presidente que como puntal del gobierno del los Estados Unidos pretendían acostumbrarnos a los colombianos al terror y a la violencia fascista paramilitar.

Dentro de los aportes como estratega al acumulado de la experiencia universal de la guerra de Guerrillas al camarada Manuel hay que sumarle el ser capaz de construir y dirigir un movimiento guerrillero en un país como Colombia con condiciones políticas internas específicas y en épocas históricas mutantes. El saber leer estas particularidades nacionales, es lo que explica lo prolongado de la resistencia, la fortaleza y el crecimiento de las FARC-EP.

Adoleció de esquemas y dogmas en su visión militar y política de maestro y conductor de guerra de guerrillas. Condujo la nave de la resistencia con el fino tacto que le diera la experiencia y la aplicación concreta y el estudio del marxismo leninismo.

La combinación de formas de lucha simultanea y de masas, en un país cuyas clases dirigentes no escatiman recursos para destruir las luchas del pueblo son el dibujo más completo del aporte del camarada Manuel a la experiencia mundial de la guerra revolucionaria de guerrillas. A dos años de su muerte, las FARC-EP continua en su lucha preparando la nueva alborada en medio del despertar bolivariano de América Latina por la Nueva Colombia.

Este 26 de Marzo, segundo aniversario del fallecimiento del Comandante Manuel Marulanda Vélez en que evocamos su memoria, es también plataforma continental para todos aquellos que resisten con las armas en las manos la opresión del hombre por el hombre y buscan la liberación nacional y el socialismo. De ahí que sea esta fecha la llamada a reivindicar con toda la fuerza que infiere la memoria del Comandante Manuel Marulanda Vélez el Derecho Universal de los Pueblos al Levantamiento Armado.

La guerra revolucionaria de guerrillas móviles sigue vigente en Colombia uniendo a sus banderas nuevas verdades y razones. Los caminos de la liberación se fortalecen en la lucha contra el invasor extranjero y sus bases militares de ocupación.

Gloria Eterna a la memoria del comandante en Jefe Manuel Marulanda Vélez!
Hemos jurado Vencer, y Venceremos!
Manuel Vive, La lucha Sigue!
Secretariado del Estado Mayor Central FARC-EP
Montañas de Colombia, Marzo de 2010

SALUDO A LAS MUJERES COLOMBIANAS CON MOTIVO DEL 8 DE MARZO

Actualmente alrededor del 30% de los integrantes de las FARC-EP son mujeres.

Hoy con motivo del día internacional de la mujer, cabe entonces, preguntarnos: ¿Qué ha llevado a las mujeres colombianas a vincularse de manera activa, y en tal proporción, a la lucha armada en nuestro país? ¿De dónde brota esa decisión que impulsa a las jóvenes colombianas, del campo y la ciudad, a tomar la decisión de empuñar las armas, del lado de la revolución, asumiendo retos y sacrificios que por su naturaleza parecieran reservados a los hombres?

Intentar una respuesta objetiva a estos interrogantes, necesariamente implica remitirnos a las causas que originaron el conflicto social y armado en nuestro país; mencionar los factores que lo alimentan prolongándolo en el tiempo, y que lo potencian, hasta adquirir la dimensión de tragedia nacional, que es la forma como podemos calificar la actual situación del país.

Como consecuencia del desenlace de la guerra de independencia, a los más de trescientos años de dominación colonial española, no siguió el surgimiento de una gran república de naciones hermanas, soberanas e independientes, como era el proyecto del Libertador; por el contrario, terminaron por imponerse los intereses mezquinos de una casta oligárquica interesada en romper los lazos con España con el único fin de asumir el papel de clase dominante de la sociedad, sin tocar para nada el sistema de discriminación y explotación que pesaba sobre las amplias masas de esclavos negros, indígenas, campesinos pobres y artesanos, verdaderos artífices de la gesta libertadora.

Para el caso colombiano, se trata de una casta oligárquica que desde muy tempranas horas asumió la violencia, la conspiración, la calumnia y el atentado personal contra los opositores, como prácticas corrientes de su quehacer político, y así será por siempre hasta nuestros días.

Es la amalgama de intereses económicos y políticos del latifundio, del capital industrial y financiero, de los monopolios extranjeros y las mafias del narcotráfico, junto a este tipo de prácticas, la que va configurando a lo largo de nuestra historia, con distintas manifestaciones, el estado militarista que hoy toma cuerpo en su expresión más monstruosa: El narco-paramilitarismo, con su renuncia total y absoluta al ejercicio de la soberanía para entregarla a los gringos a cambio de protección para sus privilegios e impunidad para sus crímenes.

Es allí; y en la histórica y sistemática lucha de resistencia del pueblo colombiano, bajo las más variadas formas, contra ese estado de cosas, donde se hunden las raíces que nos llevan a comprender la realidad del conflicto social y armado que hoy nos enfrenta a los colombianos y en desarrollo del cual, las mujeres colombianas van adquiriendo cada vez mayor protagonismo a la par con otros espacios de la vida nacional.

Hecho natural, si tenemos en cuenta que son las mujeres, las más afectadas por el sinnúmero de lacras sociales derivadas del sistema capitalista predominante a nivel mundial, agravadas en el caso colombiano por la dependencia, el atraso, la deformación y la remanencia de relaciones de producción pre-capitalistas.

Para nadie es un secreto que son ellas las más afectadas por el flagelo del desempleo y la informalidad laboral, un mal que afecta hoy día a más de tres millones de colombianos: Otras veces, obligadas por la necesidad, terminan aceptando menor salario por igual trabajo que los hombres.

Es la mujer la que debe soportar en mayor medida la angustia de ver morir a sus hijos por física hambre: En Colombia, óigase bien, 5.000 niños mueren cada año por hambre. 14 cada día. Mientras que una tercera parte de los niños menores de cinco años, padece anemia. Enfermedad que afecta también a 45 de cada cien mujeres gestantes.

Igual sucede con la educación; sólo uno de cada tres menores de 5 años recibe algún servicio de cuidado o educación. Y otra vez, son ellas las más afectadas al verse obligadas a dejar sus hijos bajo el cuidado de personas sin ninguna preparación para proporcionar atención adecuada a los infantes.

No en vano Colombia está entre los cinco países con peor distribución del ingreso en el mundo. Siendo las mujeres, nuevamente, las más afectadas por todas las secuelas que de allí se desprenden: falta de vivienda, salud, educación, hacinamiento, carencia de servicios básicos, marginalidad, etc.

Son las mujeres de nuestro pueblo la más afectadas por fenómenos sociales como el creciente aumento de los embarazos de adolescentes y los más de 1.000 abortos diarios que se presentan en el país sin las mínimas garantías sanitarias, poniendo en grave riesgo su vida y salud; para no hablar de las miles de ellas degradadas de su condición, y ultrajadas al extremo, al ser empujadas a la prostitución como única alternativa para sobrevivir.

Condición, que hoy día afecta a cerca de 35.000 menores, que se calcula hay en el país, bajo la esclavitud de la explotación sexual; y, a cerca de los cuales, no dicen nada los titulares de la hipócrita prensa burguesa, mientras rasga sus vestiduras, por la rabia que le produce la presencia de jóvenes de 15 años en las filas insurgentes.

Son las mujeres y los niños, la mayoría dentro de la población desplazada; víctimas del terrorismo para-estatal que los despojó de sus tierras. Son ellas y sus hijos quienes reciben con mayor impacto las consecuencias de todas las manifestaciones del terrorismo estatal. El 30 por ciento de los niños colombianos crecen solamente al lado de la madre.

Y así, pudiéramos seguir señalando hasta el cansancio los innumerables males sociales que agobian a nuestro pueblo, y de manera particular a la mujer colombiana. Cruda realidad que por más esfuerzo que se haga para maquillarla, por parte de los voceros del régimen, golpea duramente la vida diaria de millones y millones de compatriotas.

Realidad que termina generando lo que alguien llamó en su momento “causas objetivas de la subversión”, y que con el correr del tiempo, han ido determinando la vinculación de centenares de jóvenes colombianas a la lucha armada revolucionaria.

Lo que verdaderamente impulsa a las jóvenes colombianas a levantarse en armas contra el régimen, es precisamente el propio régimen. Es la negativa de la mujer a someterse a las reglas del sistema imperante; es su rebeldía y deseo de transformar un sistema social que sólo pone los ojos en la mujer para ver en ella maniquíes a través de los cuales promocionar sus mercancías, estereotipo de muñecas producido en serie para el consumo. Es ese el motor de su radical decisión y no otro.

Y es aquí, en las filas guerrilleras, donde la mujer encuentra la antítesis de ese sistema de valores; aquí, porque una organización revolucionaria de nuevo tipo como las FARC-EP; donde no existe la propiedad individual, más allá de las cosas estrictamente de uso personal, genera las condiciones para la plena realización de la mujer; por la sencilla razón de que aquí todos estamos en igualdad de condiciones para aportar en las distintas tareas y misiones de acuerdo a nuestras capacidades y en esa misma medida recibir el reconocimiento colectivo.

Es la fragua de la lucha revolucionaria, la encargada de ir forjando elevados valores, en la mujer guerrillera partir de los valores propios de la mujer colombiana; aquellos que se hacen presentes en los millones y millones de mujeres campesinas, obreras, empleadas, amas de casa, maestras, profesionales, artistas, técnicas, artesanas, estudiantes, activistas sociales, etc., que de manera anónima cada día aportan lo mejor de sí para el progreso de la patria.

Es a ellas, a quienes dirigimos nuestro saludo, para ellas nuestra voz de aliento e invitación para que se vinculen activamente a la lucha por cambiar el régimen de terror que hoy nos explota y oprime por igual a todos los colombianos, hombres y mujeres.

A todas las mujeres, a aquella mujer heredera de las mejores tradiciones de lucha de nuestro pueblo; aquella que con su valor, entrega y sacrificio ha dado su invaluable aporte a la larga historia de lucha del pueblo colombiano, porque no podemos olvidar que Cacica Gaitana, fue el nombre que tomó la resistencia a la invasión Española; como Manuela Beltrán fue conocida después, en forma de insurrección comunera; reaparece llamada Policarpa Salavarrieta conspirando en Santa Fe de Bogotá; monta a caballo en la filas del Ejército Libertador y ahora se llama Manuelita Saenz; En la protesta que llega con el nacimiento de la clase obrera colombiana se llamará María Cano; Miriam Narváez y Judith Grisales son los nombres que adopta en Marquetalia.

En las FARC-EP, nos sentimos orgullosos de contar por centenares las mujeres en nuestras filas y estamos convencidos que de prolongarse el conflicto, cada día esa proporción será mayor, como reflejo en nuestras filas de la composición de la población colombiana mayoritariamente femenina.

Por eso, hoy, queremos resaltar vuestra abnegada participación en el cumplimiento de las tareas del plan estratégico de las FARC- EP, diseñado y desarrollado por los camaradas Manuel, Jacobo, Nariño, Raúl e Iván, entre otros miles, que han dado hasta el último aliento de sus vidas por hacer realidad el sueño de millones de colombianos de una Colombia en paz, con justicia social, democracia y soberanía.

En este día, no podemos dejar de traer a la mente colectiva el recuerdo de las guerrilleras caídas en los campos de la patria en cumplimiento de su deber revolucionario y de aquellas que tras las rejas pagan su osadía de luchar por un mañana mejor para todos los hijos de la patria

¡Hemos jurado vencer y venceremos!
¡La patria se respeta, fuera yanquis de Colombia!
Montañas de Colombia, marzo 8 de 2010.
Estado Mayor Bloque Oriental.
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
FARC-EP

Marzo 1..., Marzo 7..., marzo de dignidad.

En memoria de los héroes de Sucumbíos y de los comandantes Raúl Reyes e Iván Ríos

En nombre de nuestros sueños que son los sueños de justicia del pueblo sojuzgado, en nombre de los ideales de una patria libre sin explotadores ni explotados floreciendo desde la sangre de nuestros muertos, desde nuestra memoria más profunda, hasta la atalaya de la dignidad indoblegable, decimos: en este marzo de horas que evocan lutos, gloria a los héroes caídos en la resistencia al opresor, gloria a Raúl Reyes, gloria a Iván Ríos, gloria a los caídos en Sucumbíos..., gloria a todos los combatientes que han entregado su vida por la causa de la libertad.

Este marzo bicentenario del grito de independencia es el del segundo aniversario de la agresión del ejercito fascista de Álvaro Uribe Vélez y del imperio contra el territorio de la hermana república del Ecuador ocurrida el día 1 y que ocasionó la muerte a mansalva de 21 combatientes farianos, de un hermano ecuatoriano y de 5 estudiantes internacionalistas mexicanos, y es el aniversario segundo, también, del asesinato el día 7, del comandante Iván Ríos. Los planes militares y políticos que Raúl e Iván contribuyeron a forjar siguen batallando en los fusiles guerrilleros por la Nueva Colombia, la Patria grande y el socialismo.

Son dos crímenes, entre muchísimos más, de un estado que auspiciado por el imperio yanqui ha degradado la guerra con sus métodos de horca y cuchillo, descuartizamientos con moto sierra, masacres indescriptibles, desapariciones, delaciones, asquerosa venalidad e infinitas formas de represión. A la crisis humanitaria que ha tocado el fondo de la infamia le agregan hoy la infestación del suelo patrio con odiosas bases militares gringas que apuntan contra el corazón de Nuestra América.

Pero, en medio del colapso moral de su institucionalidad podrida, ¿a quién creyeron enterrar decretando el inicio del fin de las FARC-EP, coreando el fin del fin y luego el post conflicto?, ¿pensaron en verdad que sería posible aniquilar con bombas y perfidia la determinación de combate del pueblo en armas avanzando hacia la definitiva independencia?

De nada les ha valido y de nada les valdrá a los verdugos tanta saña contra un pueblo que ha decidido ser libre y lo será.

Los nuestros son como las semillas, que cuando caen en esta tierra indómita, abonada de dignidad, resurgen como siembra múltiple en los puños levantados, en las rojas banderas en alto, en los fusiles que truenan la vindicta, en el verde de la selva, en la esperanza de los pueblos que no se rinden jamás. Germinan, como eufonía de un mañana en libertad.

Internacionalismo, solidaridad, socialismo y Patria Grande..., es el signo de su sangre, es la enseña de su sacrificio. Sus muertes son solo el precio de sueños que no abandonaremos jamás; y ante todo son aliento para avanzar. A la zaga esta un régimen que ha desnudado su criminalidad, su condición de lacayo revelada, su anti-bolivarianismo evidenciado... En cambio los nuestros están en el pecho de los siglos imbricados, en las manos de quienes hoy portan la espada de combate del Libertador, presentes permanecen en todas partes, vivificados, derramando su espiritualidad; allí ellos están como gestores de la renaciente continentalidad de las causas emancipantes que fueron postergadas y que hoy retoman sus bríos creciendo en la insurgencia y en cada lucha de la bolivariana gesta esperanzadora.

Estas muertes que jamás quedarán impunes, estos sacrificios que no han sido en vano, estos héroes que con su ejemplo y su memoria siguen enfrentando a la más feroz máquina militar de un capitalismo endemoniado por el veneno de su peor crisis mundial, son la evidencia de la potencia que entraña la sobrevivencia del ideal, mientras asistimos, a la agonía política de los victimarios.

¡Viva la justa guerra de resistencia bolivariana que abre el camino a la victoria de los oprimidos!
¡Viva la memoria de Raúl Reyes!
¡Viva la memoria de Iván Ríos!
¡Viva la memoria de nuestros hombres y mujeres que entregaron sus vidas por la libertad!
¡Hemos jurado vencer y venceremos!
Secretariado del Estado Mayor Central FARC-EP
Montañas de Colombia, Marzo de 2010
Carta de Simon Trinidad

Publicamos la carta de simón trinidad, insurgente colombiano prisionero del imperio, leida en sus juicio el 28 Enero en Estados unidos, y publicada sólo hasta ahora.

Buenas tardes, señoras y señores

Hablo como miembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –Ejército del Pueblo, organización política insurgente, alzada en armas contra el estado colombiano, a la que pertenezco desde finales del año de 1987.

Desde sus orígenes, hace 44 años, las FARC-EP luchan por cambiar un régimen oligárquico que se sostiene en el poder a punta de sangre y fuego.

Está escrito desde el 20 de julio de 1964, en el programa agrario de los guerrilleros, que las FARC querían y luchaban por cambiar el régimen por la vía menos dolorosa para nuestro pueblo: la vía pacífica, democrática de masas. Pero la oligarquía en el poder ha mantenido cerrada esa vía utilizando la fuerza pública y a bandas de sicarios conocidos primero como pájaros o chulavitas y hoy como paramilitares, para barrer a plomo a sus adversarios políticos y sembrar el Terror en la población.

Nelson Mandela, líder de Sudáfrica, miembro del Partido Congreso Nacional Africano, fundador del movimiento guerrillero UMKHONTO WE SIZE, -“la lanza de la nación”-, luego presidente de su país y premio Nobel de Paz, afirma en su autobiografía que “quien dicta la forma de la lucha es el opresor y nunca el oprimido”.

En Colombia el opresor es la oligarquía, que ha utilizado las armas del estado contra su propio pueblo para mantener sus privilegios y por eso existen las FARC como ejército del pueblo.

Los guerrilleros de las FARC hacen parte del pueblo colombiano que expresa de múltiples formas su descontento, que reclama, que protesta y que lucha contra un régimen elitista y violento.

Fundadas por campesinos como Manuel Marulanda, las FARC apoyan las luchas campesinas por la tierra y por una política agraria que tenga en cuenta y garantice sus intereses. Creadas por obreros como Jacobo Arenas, las FARC alientan las luchas obreras por la mejora de sus salarios, la organización sindical y su lucha política contra sus explotadores y opresores. Con el ejemplo dado por indígenas como Ciro Trujillo, las FARC respaldan sus luchas por el respeto a su cultura, sus lenguas y organización interna. Conformada desde sus inicios por mujeres como Miriam Narváez y estudiantes como Hernando González Acosta, las FARC estimulan sus luchas por una Colombia pluralista, democrática, en paz con justicia social.

América Latina es la región más desigual del planeta y Colombia ocupa en el mundo el tercer lugar entre los países de mayores desigualdades económicas y sociales. Desigualdades en la distribución de la riqueza que limitan o impiden el acceso al empleo, a la tierra, a la vivienda digna, a la educación en todos sus niveles, a la protección de la salud, a la alimentación básica y balanceada, al agua potable, a la luz eléctrica, a la recreación y al descanso, es decir, a los derechos humanos básicos, esenciales, para tener una vida digna. Por ese inequitativo manejo de la riqueza, 24 millones de colombianos, el 54% de sus habitantes, viven por debajo del nivel de la pobreza o de miseria, condenados a subsistir con 1 ó 2 dólares diarios de ingreso.

La fertilidad de las tierras del país y la variedad de climas que van desde el cálido tropical hasta el frío de sus páramos, facilitan siembras y cosechas los 12 meses del año para garantizar no sólo la autosuficiencia alimentaria, sino excedentes para la exportación, así como la producción de materias primas para surtir industrias nacionales y extranjeras. Sus abundantes y variados recursos naturales, mineros y energéticos, como oro, esmeraldas, níquel, sal, carbón, gas y petróleo; su riqueza pesquera de sus dos océanos, ríos, lagos y lagunas, contar con una de las mayores biodiversidades del planeta en su flora y su fauna y sus inmensos recursos hídricos y forestales, constituyen un inmenso patrimonio de bienes naturales, los que sumados al recurso humano de un pueblo laborioso y luchador, hacen de Colombia una nación muy rica para garantizar el bienestar económico y social de todos sus habitantes.

Sin embargo, una mezquina casta gobernante y quienes monopolizan la banca, la industria, las minas, el comercio y las mejores tierras, niegan la riqueza del país y por el contrario pregonan que Colombia es un país pobre, para justificar las grandes desigualdades sociales.

Los gobernantes de los partidos liberal y conservador han utilizado sus cargos para garantizar la insaciable voracidad de los dueños del gran capital y de los latifundistas, para entregar cada vez más la soberanía del país a los intereses del gran capital internacional, en particular al de los Estados Unidos, y para enriquecerse ellos mismos con las comisiones que reciben.

La violencia política del régimen, expresada en el asesinato, la amenaza, la tortura, la calumnia y la desaparición forzada, ha sido su más eficaz herramienta, la que han utilizado sin pausa y sin descanso contra sus contradictores políticos para sustentarse en el poder. Llegaron al extremo del genocidio político. Así lo hicieron con el movimiento gaitanista en los años 40 y desde mediados de los 80 contra los militantes de la Unión Patriótica.

Enquistados en los tres poderes del estado, se garantizan mutuamente la impunidad por sus crímenes políticos y delitos económicos, impunidad que extienden a los miembros de las fuerzas militares, de la policía y a sus bandas de paramilitares.

Además del carácter injusto y violento del régimen, la inmoralidad de los gobernantes ha sido su norma, el cinismo su ética, y el bolsillo propio su objetivo fundamental. Donde va la dignidad ostentan un muñón.

Han sido corruptos, ladrones, por acción y omisión con los dineros que los colombianos les confían a través del pago de impuestos y con la administración de las empresas del estado. Han abusado del poder para feriar las empresas estatales y los recursos naturales malvendiéndolos a particulares y extranjeros a espaldas de las comunidades.

Cierto es que en Colombia los gobernantes, los congresistas y demás miembros de corporaciones departamentales y municipales son elegidos cada cuatro años. Pero también es cierto que la democracia no es sólo votar, y menos cuando la abstención históricamente es superior al 65%, o cuando una cantidad apreciable de electores vota a cambio de dinero –la compra venta del voto-, o por promesas de puestos en la burocracia oficial. En las elecciones del país votan ciudadanos fallecidos y, otros muy vivos, votan varias veces el día de las elecciones. El robo de las urnas electorales y el cambio de votos de las urnas son prácticas comunes. Por todo esto, los procesos electorales son ilegítimos y hacen de las elecciones otra farsa más de la democracia colombiana.

De los últimos años de nuestra historia política: Ernesto Samper es elegido presidente 6 por el cartel del narcotráfico de Cali que financió su campaña con 6 millones y medio de dólares. El candidato derrotado, Andrés Pastrana, solo hasta el día siguiente de su derrota, furioso por no haber recibido una cantidad igual de dólares del mismo cartel, finalmente denuncia al vencedor y, cuatro años después, llega a la presidencia. El 2 de agosto de 2004, el departamento de defensa de Estados Unidos autorizó la publicación de un informe de seguridad, elaborado en 1991 por su Defense Intelligence Agency, DIA, en el que figura la plana mayor del cartel de la droga de Pablo Escobar. En el informe de 14 páginas, solicitado por The National Security Archive, de la Universidad George Washington, aparece el nombre del actual presidente Álvaro Uribe Vélez junto las jefe paramilitar Fidel Castaño y del jefe del cartel de Medellín, Pablo Escobar.

Álvaro Uribe Vélez había sido elegido presidente en el año 2002, y el mismo año de la publicación de la DIA, se dedicó a otorgar contratos de obras públicas, sinecuras a discreción en la burocracia oficial y cargos diplomáticos por todo el mundo a familiares y copartidarios de los congresistas liberales y conservadores para que, así sobornados, reformaran la Constitución y el mismo presidente Uribe Vélez pudiera reelegirse automáticamente, y así sucedió.

Este es el mejor retrato de la democracia colombiana. Democracia de papel, de titulares de prensa y de noticieros, de discursos politiqueros. El blablabla histórico alejado de la realidad, de la verdad.

De otra parte, Colombia vive la tragedia de una larga guerra de más de 60 años. Y, para agravar la situación, con la creciente participación de los Estados Unidos en una guerra contrainsurgente pero disfrazada con otros argumentos. El último de ellos es el de la guerra contra las drogas, como lo dije en el juicio, enmascara la intervención del gobierno estadounidense en nuestro conflicto político. Esto le permite tener una mayor injerencia en los asuntos internos de Colombia, justificar su mayor presencia con tropas, asesores, espías, armas y atizar la guerra con millones y millones de dólares.

Este apoyo militar, financiero y político del gobierno de Estados Unidos, envalentona a la oligarquía y aplaza las soluciones económicas, sociales y políticas que son el origen del conflicto y que el país requiere solucionar sin injerencias externas y menos aún con la imposición de soluciones. En Colombia cobran vigencia las visionarias del Libertador Simón Bolívar, el hombre de América, cuando aseveró que “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar a América de miseria en nombre de la libertad”.

Y es que el gobierno y algunos congresistas de Estados Unidos no han comprendido que a diferencia de otros conflictos de orígenes religiosos o étnicos o separatistas o territoriales, el conflicto colombiano tiene unas profundas raíces económicas y sociales, cuya solución no puede ser de otra índole, y que va mucho más allá del problema del narcotráfico por lo que no puede circunscribirse a éste.

Por eso las FARC no comparten la solución militar y de guerra química, que además de lesionar el suelo patrio y muestra dignidad nacional, dejan de lado la financiación y la inversión social, además de la participación de las comunidades en los acuerdos y planes de sustitución de cultivos.

Así mismo, consideran las FARC que ningún país, por poderoso que sea, puede arrogarse el derecho exclusivo de combatir el problema o la posesión monopólica de la estrategia para derrotarlo. Con un cambio de la actual estrategia militar, el gobierno de los Estados unidos y las FARC pueden trabajar de conjunto para unir esfuerzos y voluntades en ese gran reto que enfrenta la Humanidad.

Para las FARC está claro que la comunidad internacional debe participar en esa inaplazable tarea mediante acuerdos y compromisos, en especial los países más desarrollados y ricos por ser las principales fuentes de la demanda mundial de estupefacientes y los más afectados por el consumo.

Me sorprendió que el departamento de Justicia no se alterara cuando comprobó la falsedad de los cuatro informes –todos distintos- y la burda alteración de las imágenes de un video que los militares colombianos entregaron para hacer creer que soy miembro del Estado Mayor Central. Lástima no poder conocer la enérgica carta enviada a los oficiales de inteligencia del ejército donde el gobierno protestó por el irrespetuoso engaño. ¡Porque doy por seguro que hubo un fuerte reclamo por tamaña burla!

Si con ese descaro el ejército de Colombia le ha mentido a las autoridades del gobierno del cual reciben asesoría, cursos, armas y millones de dólares, es fácil comprender de lo que han sido capaces de hacer en mi país donde han tenido y tienen las manos sueltas para hacer y deshacer a su antojo.

Es sabido que la política es la expresión concentrada de la economía y que la guerra es la continuación de la política por otros medios, y como aquí los temas económicos, políticos y de la guerra en Colombia fueron tratados con amplitud en las dos versiones del juicio, aquí se ha hecho un juicio político, de cabo a rabo, así el gobierno haya tratado de evitarlo y ocultarlo.

Ese carácter político del juicio me complace porque confirma la condición política de las FARC, derivadas de las causas y objetivos de su lucha revolucionaria, plasmados en conferencias y de los plenos del estado mayor central, documentos presentados por la fiscalía y de los que se habló y discutió.

Igual, estoy satisfecho porque a pesar de todo el esfuerzo que realizó el gobierno en los dos juicios, los jurados me consideraron no culpable del quinto cargo que se me imputaba: el de suministrar ayuda a una organización terrorista, como erróneamente califica a las FARC el departamento de Estado.

Aprovecho esta tribuna para reiterar con toda claridad y absoluta firmeza, en nombre de las FARC y del mío, la condena al terrorismo independientemente del origen que tenga.

No olvido que el Terrorismo de Estado, que en Colombia ha sido y es aún práctica común, fue el factor determinante para mi ingreso a las FARC, desde donde lo he denunciado y condenado.

Por principio, por convicciones ideológicas, el terrorismo no tiene cabida en mi mente ni en mi corazón como práctica política. Tengo claro, al igual que las FARC, que ninguna fuerza política que aspire al poder con el respaldo popular puede cumplir su objetivo con la práctica del terrorismo ya que este socava y destruye todo apoyo.

De igual forma, las FARC y yo en particular, nos oponemos y rechazamos la extradición de colombianos para ser juzgados en otros países. Esa es una práctica neocolonial que lesiona la soberanía de nuestro país y que ha llegado al extremo de utilizarse como arma política contra las FARC. Además, es un error pretender chantajear con la extradición a hombres y mujeres que luchan por ideales, como son los casos de Sonia y mío.

Por el cargo de conspiración no abriga mi ser sentimiento de culpa alguno. Mi tarea estaba enmarcada dentro del conflicto del país. En Colombia hay una guerra y como consecuencia de ella hay prisioneros de lado y lado, y este es un problema real, concreto, que reclama una solución. Además era una orden y una tarea política emanadas de determinaciones superiores, como se aprecia al leerse el comunicado del 27 de abril de 2003, suscrito por el Secretariado. Y, si se quiere, fue un intento de un primer paso de una acción humanitaria en beneficio de todos los prisioneros de ambas partes.

Entonces me absuelve mi conciencia y, desde ya, me sumo al grupo de tantos otros a quienes la historia ha dado y dará su absolución.

Me queda la satisfacción de haber enviado la carta al comandante Manuel Marulanda y a los demás miembros del Secretariado, donde les propuse dar pruebas de vida de los tres estadounidenses y les reiteraba que mi libertad no se convirtiera en un obstáculo para el Acuerdo Humanitario en Colombia. Estoy convencido que ese Acuerdo será un avance significativo en el camino de la reconciliación y la paz con justicia social de los colombianos. La solución política hace parte del conflicto, por lo que las FARC nunca la han descartado. De hecho, es el primer punto de nuestra plataforma, que dice: Solución política al grave conflicto social que vive el país.

También me acompaña un sincero deseo para que Marc Gonzalves, Keith Stansell y Thomas Howes regresen lo más pronto posible vivos y sanos, al seno de sus hogares junto a sus seres queridos.

Como ya hubo una reunión donde compartí algunas palabras con un funcionario del departamento de Estado, no está de más decir que mantengo igual disposición para posibles futuros encuentros y diálogos.

Cuando ingresé a las FARC, lo hice consciente de perder la vida o la libertad en la lucha por alcanzar unos ideales de justicia social para el pueblo colombiano y de paz para mi país. Hoy, perdida mi libertad física, conservo intactos esos ideales, estimulados por otros hombres y mujeres, incluso extranjeros, entre otros tantos como los miembros de la organización Free Ricardo Palmera, gentes que levantan las mismas banderas, porque comparten las palabras dichas por el mártir de la independencia de Cuba, José Martí, cuando afirmó: “Lo que Bolívar no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy”. Y es que esa es la tarea por cumplir, entre los que estarán los guerrilleros y guerrilleras de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo.



¡Viva Manuel Marulanda!

¡Vivan las FARC – Ejército del Pueblo!

¡Viva Bolívar, porque Simón Bolívar vive y su espada libertaria recorre América!



Enero 28 de 2008.

Washington, D. C.



Simón Trinidad

FARC - EP

3.02.2010

PUEDE SER VIETNAM

Escrito por Rogelio Buitrago
viernes, 22 de enero de 2010

Al comenzar una nueva década el pueblo colombiano sigue siendo víctima de la más perversa, prolongada, desconocida y atroz guerra de las mencionadas como de “baja intensidad”, quizás con el larvado propósito que pase desapercibida, invisible, ante la mirada impasible de las otras naciones del orbe tratando de evitar que otros se solidaricen con la justa lucha de resistencia que adelantan los agredidos.


Una verdadera cuadrilla de “centros de investigación“, “catedráticos”, “psicólogos”, “sociólogos, “psiquíatras” y algunos “periodistas” etc., asalariados de los gobiernos de turno o pagados desde la embajada de los Estados Unidos, en Bogotá, siempre en contubernio con los organismos de inteligencia del Estado o anexos a la FFMM; elaboran y proveen a los directores y ejecutivos de los grandes medios de comunicación de masa y surten a las agencias internacionales de noticias del material necesario para ocultar, tergiversar o difundir falsas teorías sobre los orígenes, profundización y evolución de la guerra del Estado colombiano contra sus propios ciudadanos.

El ejercicio de la violencia como método de dominación está en la esencia de la élite que gobierna a Colombia desde los albores mismos de la República. Toma renovados bríos a partir de la década de los 40s. Crece y se extiende hasta nuestros días en forma de una espiral horrorosa donde cada peldaño del resorte contiene miles de huesos y calaveras de personas asesinadas bajo el desenfreno y la sed de sangre del Terrorismo de Estado.


A los muertos se agrega una impresionante estela de desaparecidos, desplazados, torturados, encarcelados, huérfanos y viudas; sin parangón en ningún otro país del hemisferio occidental.


Hasta el momento no se conoce una resolución de organismo multilateral, gobierno o de la “opinión pública internacional” condenando a los responsables de la barbarie y el genocidio en Colombia.


Solo el presidente Hugo Chávez se ha atrevido a denunciar pública y valerosamente las brutales atrocidades cometidas por Uribe, la casta dominante, los militares y los gringos en la tierra de José Antonio Galán, el comunero.


El bravío pueblo colombiano tuvo la fortuna y desgracia a la vez de ser escogido por los halcones de los Estados Unidos como el primer laboratorio de guerra contra-insurgente en América Latina.


Fortuna porque somos un pueblo guerrero en pos de la libertad; ni tiranos o potencia alguna nos amedrantan; nuestro país cuenta con una topografía montañosa y condiciones óptimas para desarrollar a plenitud la guerra de guerrillas. Del vientre de su suelo brotan, como flores silvestres, comandantes de inmensa talla: Manuel Marulanda, Jacobo Arenas Raúl Reyes, Iván Ríos… que se prolongan y centuplican en el cuerpo de mando y se expanden a toda la intrépida “Guerrillerada Fariana”, cantera inagotable de nuevos y brillantes capitanes revolucionarios.


Desgracia porque siendo Colombia un pueblo laborioso, cordial, alegre, amante y devoto de la paz; la tranquilidad, felicidad y convivencia pacífica; haya sido asaltado en su buena fe, por la camarilla gobernante y los guerreristas del norte que torcieron el rumbo “pacífico” del desenvolvimiento de las cosas; no dejando otra opción a los pobres de la patria, sino la de empuñar las armas para poder conquistar la altruista meta y anhelado propósito.


Al término de la Segunda Guerra Mundial Colombia fue sacudida por el vibrante verbo del caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán, hombre de enormes calidades morales y éticas, poseedor de gran sensibilidad humana, quien fuera uno de los primeros dirigentes políticos de la izquierda en comprender y trasmitir a los desheredados que las causas de las profundas desigualdades sociales en que estaban sumergidas las “mayorías nacionales”, obedecían a la existencia de oligarquías indolentes y corruptas empotradas en las altas posiciones del Estado del cual se beneficia una casta en detrimento del resto de ciudadanos.


“El hambre no tiene color político. No es ni liberal ni conservadora”, decía. Contraponía el país nacional (las masas), al país político (las oligarquías); alababa la democracia en Rusia coqueteando con la igualdad social. Detestaba con todo su ser a las oligarquías, culpables de la postración del pueblo; abominaba el sometimiento imperialista, pero igual detestaba la xenofobia. Trabajaba por la restauración moral de la patria y la distribución social de la riqueza nacional.


¡Contra las oligarquías…por la Restauración moral de la nación!..¡A la carga! Fue su grito de batalla que estremeció la conciencia nacional y selló su muerte


Los postulados de Gaitán se fraguan con antelación pero se consolidan en los inicios de la guerra fría. La oligarquía liberal-conservadora colombiana y el imperialismo del Tío Sam los asumen como pérfida obra del “comunismo Internacional”.


Entre ambos idean y ejecutan el magnicidio en el ya remoto 9 de abril de 1948.


Desde entonces los gringos planifican, organizan, dirigen, asesoran, financian y ejecutan, hasta hace poco desde en la “sombra”, la guerra “Colombiana”. Siempre han estado amparados por gobiernos serviles pero Uribe rompe todos los records del entreguismo para dejarlos actuar con entera libertad.


Se explica así por qué el imperio pudo llegar tranquilamente con flotas de guerra, bases militares, alta tecnología, gran poder de fuego, tropa fresca y muchos dólares para continuar la carnicería en nuestro suelo sirviendo de escarmiento y amenaza a la vez contra gobierno y pueblos que se atrevan a resistir la esclavitud del capital.


El carácter de la guerra en Colombia ha cambiado radical y objetivamente. Al interior del país se torna guerra de todo el pueblo en contra del agresor. No debemos temer convertirnos en el Vietnam de este siglo. A la violencia del enemigo hay que responder con la violencia organizada de las masas porque nuestra guerra es justa.


En el plano internacional pueblos y gobiernos amenazados por el imperio están en la necesidad moral de respaldar las luchas de los revolucionarios colombianos.


La timidez y la cobardía en el momento actual, de quienes podemos hacer algo para evitar el zarpazo de la fiera, es un crimen monstruoso que de todas formas nos arrastra, indefectiblemente, a la muerte sin dar la batalla por la vida y perecer sin honor ni gloria.


Así lo calculó y pretende el imperio. Hagámosle abortar sus planes. En Colombia se juega la suerte del continente y ningún americano debe permanecer impasible.


Vietnam… el heroico Vietnam, Irak, Afganistán nos muestran el camino correcto que deben transitar los pueblos irreductibles.


Aquí seguimos su ejemplo. Cumpliremos nuestro deber, solos o con la solidaria compañía de manos y mentes que se rebelan contra la injusticia y el oprobio; “corriendo la misma suerte del agredido”… en este caso los colombianos somos los agredidos.


Estamos dispuestos a vencer o morir. No hay alternativa y esa es nuestra invariable resolución en lo que puede ser el Vietnam del siglo XXI, donde David vencerá a Goliat.

Carta abierta del Comandante Jorge Briceño (Mono Jojoy) al General Freddy Padilla de Leon

Señor:

Freddy Padilla de León.

Compatriota:

Escuché atentamente su alocución radial del día 21 de enero 2010 que me pareció inspirada más con fines de propaganda, de perdona vidas y de guerra psicológica, que en sincero ánimo reconciliatorio y de grandeza, invitándome a la entrega y a la rendición.

No es pionero usted en este tipo de “invitaciones”. Nuestro insigne Comandante Manuel Marulanda Vélez, solía relatarnos cómo en los comienzos de esta lucha por la liberación de nuestro pueblo, el general Álvaro Valencia Tovar también acostumbraba dirigir mensajes de ese mismo tenor al Comandante Ciro Trujillo, incluso ofreciéndole dinero a modo de soborno, a tiempo que se concentraban las tropas, se estrechaba el anillo y se afinaban los mecanismos para dar comienzo a la agresión contra la población civil de las regiones de Marquetalia y Riochiquito, dentro del diseño del Plan LASO y en el medio de una situación política en que las Fuerzas Militares iniciaban su carrera como instrumento clasista de represión al servicio de los latifundistas para despojar de la tierra a los campesinos.

Qué poco nos conoce usted señor Padilla de León: con toda sinceridad, sin odios ni resentimientos y con el respeto que todo revolucionario profesa por sus adversarios, le respondo: No, muchas gracias, general.

En las FARC no tenemos alma de traidores, sino de patriotas y de revolucionarios.

Hemos luchado y continuaremos haciéndolo, con valor, entrega y sacrificio por derrocar este régimen podrido de las oligarquías y construir otro orden social, o por alcanzar acuerdos que ayuden a construir una patria en donde quepamos todos.

Jamás hemos proclamado el principio de la guerra por la guerra, ni asumido esta lucha como algo personal, ya que nuestros objetivos son los de lograr cambios profundos en la estructura social de Colombia, que por fin tengan en cuenta los intereses de las mayorías nacionales y de los sectores populares y que conduzcan al desmonte del actual régimen político criminal, oligárquico, corrupto, excluyente e injusto, como está consignado en nuestra Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia.

Con la honestidad que corresponde a nuestro compromiso con el cambio social y la lealtad que le debemos a nuestro pueblo, le aseguramos, que no vamos a desistir después de más de 40 años de lucha, ni a aceptar una falsa paz. No traicionaremos los sueños de justicia de la Colombia que clama por la paz con justicia social, ni la memoria de los miles de muertos, ni a las víctimas de las innumerables tragedias que ha ocasionado esta cruenta guerra, declarada por la oligarquía al pueblo desde hace más de 50 años.

Colombia necesita encontrar los caminos que conduzcan a poner fin a esta guerra entre hermanos, senderos de reconciliación que nos lleven a Acuerdos de Paz. Pero no será a través de una paz falsa donde una minoría oligárquica continúa acaparando todas las riquezas, a tiempo que las grandes mayorías nacionales quedan aplastadas por el peso de la pobreza, el terror militarista, la miseria y la degradación moral de una clase dirigente corrupta hasta los tuétanos, el camino más seguro para alcanzar la reconstrucción de la patria y la reconciliación de los colombianos.

Una paz entendida como rendición o entrega es una fantasía de la oligarquía y solo sería un crimen de lesa traición al pueblo y a sus históricos anhelos por alcanzar, al fin, la justicia social para todos.

Acuerdos de paz sí, pero, el punto cardinal es: ¿con o sin cambios estructurales en lo político y social?

¿Mas Democracia o mas autoritarismo y más represión y arrodillamiento al imperio?

Lo invitamos a reflexionar sobre estas serenas palabras plenas de sensatez y actualidad, contenidas en el mensaje que dirigió el comandante Manuel Marulanda Vélez a los miembros de las Fuerzas Militares:

“El futuro de Colombia no puede ser el de guerra indefinida, ni el de expoliación de las riquezas de la patria, ni puede continuar la vergonzosa entrega de nuestra soberanía a la voracidad de las políticas imperiales del gobierno de los Estados Unidos; nosotros estamos en mora de sentarnos a conversar en serio para dirimir nuestras diferencias, mediante el intercambio civilizado de opiniones hacia la solución definitiva de las causas políticas, económicas y sociales generadoras del conflicto interno, para bien de las futuras generaciones de compatriotas ”.

Hoy, queremos compartir este razonamiento con usted y también, como siempre, con los sargentos, los cabos, los tenientes, capitanes y coroneles, y con todos los hombres de experiencia que ponen el pecho en los combates, pero que a pesar de ello, les está vedado ascender a la oficialidad por su origen social, su color de piel o su raza.

Le recuerdo general, que el paso por la milicia en defensa de intereses extranjeros u oligárquicos que hacen algunos de ustedes, así sea prolongado en el tiempo, es efímero, y que pronto será usted llamado calificar servicios, y de seguro el pueblo o la justicia internacional, le irá a reclamar su responsabilidad como comandante de las Fuerzas Militares en los crímenes de lesa humanidad contra nuestro pueblo, hipócritamente llamados “falsos positivos” o, en su papel como jefe en un tiempo de la nefasta XX Brigada de “inteligencia y contra inteligencia” (B I N C I), de tan ingrata recordación para los colombianos, así como el florecimiento y extensión del paramilitarismo tras su paso por la comandancia de la Segunda División del ejército, al lado del hoy presidiario general Iván Ramírez.

Hemos hecho reiterados llamamientos a todos los patriotas y demócratas de Colombia, a intercambiar sobre estos temas para impedir el establecimiento perpetuo en nuestra patria de una dictadura o un gobierno totalitario y despótico.

Hoy las FARC queremos invitar a todos los militares e integrantes de la Fuerza Pública a retomar el camino de defensa de la soberanía patria, a trabajar por la formación de un ejército bolivariano patriótico, que no vuelva las armas contra sus conciudadanos, integrado a las luchas populares, y que trabaje en beneficio de alcanzar la paz, a la vez que por el intercambio humanitario y para a continuar la obra que dejó sin culminar el Libertador Simón Bolívar, para que Colombia no vuelva a sufrir jamás la afrenta de ver a los soldados que usted comanda, sumisos y despojados de sus armas, para ser revisadas por los representantes del ejército de la potencia extranjera que nos avasalla, como ocurrió en pasada visita del presidente Bush.



Compatriota,

Jorge Suárez Briceño.

Integrante del Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC EP.

Montañas de Colombia, Enero del 2010

Memorando para un intercambio sobre el conflicto colombiano

Interesante documento en el preciso momento en que la oligarquía colombiana sufre otra derrota con su proyecto de guerra sucia, esta vez ejecutado por Álvaro Uribe Vélez.



Leamos en su totalidad documento de las Farc:



Memorando para un intercambio sobre el conflicto colombiano



Primero. Siempre hemos creído en una salida política al conflicto. Desde antes de la agresión a Marquetalia y durante estos 46 años lo hemos reiterado, expresado y luchado.



Segundo. Nosotros no somos guerreristas, ni luchamos por venganzas personales, no tenemos patrimonios materiales ni privilegios que defender, somos revolucionarios comprometidos a conciencia y hasta siempre, con la búsqueda de una sociedad justa y soberana; profundamente humanistas, desprovistos de cualquier interés personal mezquino, que amamos nuestra patria por encima de todo y obligados a desarrollar la guerra contra una clase dirigente arrodillada al imperio, que ha utilizado de manera sistemática la violencia y el atentado personal como arma política para sostenerse en el poder, desde el 25 de septiembre de 1828 cuando pretendió asesinar al Libertador Simón Bolívar, hasta hoy, en que practica el Terrorismo del Estado para mantener el Statu quo.



Tercero. La dificultad que Colombia ha enfrentado para lograr la reconciliación a través del diálogo y los acuerdos, ha sido la concepción de paz oligárquica del régimen, que solo acepta el sometimiento absoluto de la insurgencia al llamado "orden establecido", ó, como alternativa, la "paz de los sepulcros".



Cuarto. No hemos peleado toda la vida contra un régimen excluyente y violento, corrupto, injusto y anti patriota, para ahora, sin cambios en su estructura, retornar a él.



Quinto. En Colombia mucha gente buena y capaz que quería un país mejor y que lo luchó por las vías pacíficas, como Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Manuel Cepeda y otros, fue asesinada de forma premeditada, vil y a mansalva por los servicios de inteligencia del Estado en alianza con los paramilitares y las mafias, enemigos del pueblo, en un genocidio sin precedentes que liquidó físicamente a todo un movimiento político dinámico y en pleno crecimiento: LA UNION PATRIOTICA.



Por esa estrategia del Terrorismo de Estado se fracasó en la búsqueda de solución política en La Uribe durante los gobiernos de Belisario Betancur y Virgilio Barco y, en Caracas y México durante el gobierno de César Gaviria.



Sexto. En El Caguán, como lo ha reconocido en su libro y en declaraciones públicas el presidente Pastrana, el régimen solo buscaba ganar tiempo para recomponer la alicaída fuerza militar del estado con un cronograma, directrices, instrucciones y financiación de la Casa Blanca, integrados en el Plan Colombia e impuesto por la administración de Bill Clinton para abortar una salida política democrática al conflicto colombiano y dar inicio a su campaña por revertir los cambios progresistas que desde entonces, avanzan en el continente. El satanizado proceso del Caguán, estaba condenado al fracaso antes de empezar como lo ha corroborado el ex presidente Pastrana, pues su gobierno jamás buscó allanar el camino hacia la paz, sino fortalecer y afinar su aparato de dominación, para continuar la guerra.



Séptimo. Estos antecedentes no invalidan las posibilidades de una solución política al conflicto colombiano. Evidencian sí la casi nula intención de las clase dirigente colombiana de ceder en su he gemonismo y su intolerancia frente a otras corrientes u opciones políticas de oposición que cuestionen su régimen político y su alineamiento internacional incondicional a favor de los intereses imperiales de los Estados Unidos, con menoscabo de nuestra soberanía y en contravía de los más caros y sentidos intereses de la nación y de la patria.



Su concepción sobre el ejercicio del poder está signada y sostenida por la violencia, la corrupción y la rapacidad y ello hace muy difícil una salida incruenta, que de todas formas, continuará siendo bandera de las FARC - EP y seguramente de amplios sectores del pueblo que finalmente, son los que sienten sobre su humanidad, los efectos de la hegemonía oligárquica.



Octavo. Los intereses de los distintos sectores sociales se están confrontando permanentemente. En ocasiones y por periodos definidos la oligarquía ejerce su dictadura a fondo, sin respuestas trascendentes de parte de las mayorías por la presión, represión, guerra sucia y descalificación que se desarrolla desde el Estado sobre ellas de diferentes maneras; en otros, las respuestas son importantes pero no suficientes; en otros, luego de una acumulación de factores sociales desbordantes, la respuesta popular es contundente. Entendemos que los intereses de los diferentes sectores en una sociedad como la nuestra, están en permanente choque y movimiento, nunca paralizados. Por eso, hablar en la Colombia de hoy del post conflicto, es propaganda.



Noveno. Esta reflexión es pertinente, puesto que las causas generadoras del alzamiento armado en nuestro país existen más vivas y pujantes que hace 46 años, lo que reclama, si queremos construir un futuro cierto de convivencia democrática, mayores esfuerzos, desprendimiento, compromiso, generosidad e imaginación realista para atacar la raíz de los problemas y no las consecuencias de los mismos.



Décimo. Luego de 12 años de ofensiva total contra las FARC - EP por parte del gobierno de los Estados Unidos y del Estado colombiano, los asesinatos oficiales, verdaderos crímenes de lesa humanidad, hoy llamados falsos positivos, el terror creciente de la nueva máscara del narco paramilitarismo denominada bandas criminales, la asqueante truculencia del presidente para mantenerse en el poder con trampas, la incontenible corrupción de la administración y de la empresa privada que a trueque de esa misma corrupción y de millonarias gabelas apoya al gobierno, la impúdica invasión del ejército gringo a Colombia y la creciente injusticia social con alto desempleo, sin salud para las mayorías, con un altísimo desplazamiento interno, con un ridículo salario mínimo en oposición a las enormes ganancias de banqueros, hacendados y empresas multinacionales y luego de haberle raponeando con una reforma laboral las conquistas salariales más trascendentes a los trabajadores del campo y la ciudad, todo lo que se ha logrado es abonar más el terreno para el crecimiento de la insurgencia revolucionaria.

Segunda parte:



1. El conflicto armado colombiano posee profundas raíces históricas, sociales y políticas. No ha sido el invento de ningún demiurgo, producto de ánimos sectarios, ni consecuencia de alguna especulación teórica, sino el resultado y la respuesta a formas de dominación específicas, impuestas por las clases gobernantes desde los gérmenes del Estado - nación cuyo eje ha sido la sistemática violencia terrorista anti popular, propiciada desde el estado, especialmente en los últimos 60 años.



2. Superarlo, por las vías pacíficas, supone que preliminarmente exista total disposición a abordar los temas del poder y del régimen político, si la decisión es encontrar soluciones sólidas y perdurables.



3. Hemos planteado la necesidad de conversar, en principio, para lograr acuerdos de canje, lo que permitiría no solo la libertad de prisioneros de guerra de lado y lado, sino avanzar en la humanización del conflicto y seguramente ganar terreno en el camino hacia acuerdos definitivos.



4. Conversar, buscar conjuntamente soluciones a los grandes problemas del país, no debe ser considerado como concesión de nadie, sino como un escenario realista y posible para intentar, una vez más, detener la guerra entre colombianos a partir de la civilidad de unos diálogos.



5. Reunirse para conversar de canje y de solución política supone plenas garantías para hacerlo, libres de toda presión, dando por descontado que, quien las puede otorgar es, exclusivamente, el gobierno de turno, si posee la voluntad de encontrar caminos de diálogo.



6. Nuestra histórica y permanente disposición por encontrar escenarios de confluencia a través del diálogo y la búsqueda colectiva de acuerdos de convivencia democrática no dependen de una coyuntura especial o de la correlación de las fuerzas políticas, es sencillamente, parte de nuestro acerbo programático.



7. Durante los últimos 45 años hemos sido objeto de toda suerte de ofensivas políticas, propagandísticas, militares, con presencia abierta o soterrada del Pentágono, con toda suerte de ultimátum y de amenazas de autoridades civiles y militares, bajo una permanente agresión terrorista sobre la población civil de las áreas donde operamos, etc., que no han mellado ni un ápice nuestra decisión y disposición de luchar, por el medio que nos dejen, por una Colombia soberana, democrática y con justicia social.



8. Entendemos los diálogos, en la búsqueda de caminos hacia la paz, no como una negociación porque no lo es, sino como un enorme esfuerzo colectivo por lograr acuerdos que posibiliten atacar las raíces que originan el conflicto colombiano.



Tercera Parte:



Las FARC somos respuesta a la violencia y a la injusticia del Estado. Nuestra insurgencia es un acto legítimo, un ejercicio del derecho universal que asiste a todos los pueblos del mundo de rebelarse contra la opresión. De nuestros libertadores aprendimos que “cuando el poder es opresor, la virtud tiene derecho a anonadarlo”, y que, “el hombre social puede conspirar contra toda ley positiva que tenga encorvada su cerviz”.



Tal como lo proclama el Programa Agrario de los Guerrilleros, las FARC “somos una organización política militar que recoge las banderas bolivarianas y las tradiciones libertarias de nuestro pueblo para luchar por el poder y llevar a Colombia al ejercicio pleno de su soberanía nacional y hacer vigente la soberanía popular. Luchamos por el establecimiento de un régimen democrático que garantice la paz con justicia social, el respeto de los derechos humanos y un desarrollo económico con bienestar para todos quienes vivimos en Colombia".



Una organización con estas proyecciones, que busca la concreción del proyecto político y social del padre de la República, el Libertador Simón Bolívar, irradia en su táctica y estrategia un carácter eminentemente político imposible de refutar. Sólo el gobierno de Bogotá, que actúa como colonia de Washington, niega el carácter político del conflicto. Lo hace dentro del marco de su estrategia de guerra sin fin para negar la salida política que reclama más del 70% de la población. Con ello pretende imponer a la fuerza una antipatriótica concepción de seguridad inversionista ideada por los estrategas del Comando Sur del ejército de los Estados Unidos, que relega a planos secundarios la dignidad de la nación.



Para el gobierno de Uribe, en Colombia no existe un conflicto político-social, sino una guerra del Estado contra el terrorismo, y con este presupuesto, complementado con la más intensa manipulación informativa, se cree con justificación y patente de corso para desatar su terrorismo de Estado contra la población, y para negar la solución política y el derecho a la paz.



Ahora que Colombia es un país formalmente invadido, ocupado militarmente por tropas estadounidenses, esa absurda percepción será fortalecida, provocando la agudización del conflicto.



Uribe no está instruido por sus amos de Washington ni para el canje ni para la paz.



El presidente de Colombia crea fantasmas para justificar su inamovilidad frente al tema del canje de prisioneros: que el acuerdo implica un reconocimiento del carácter de fuerza beligerante del adversario y que la liberación de guerrilleros provocaría la más grande desmoralización de las tropas... Es su manera de atravesar palos en la senda del entendimiento. Esta intransigencia innecesaria del gobierno ha sido la causa fundamental de la prolongación del cautiverio de los prisioneros de ambas partes. Cuando Bolívar firmaba el armisticio con Morillo en noviembre de 1820, propuso al general español, aprovechar la voluntad de entendimiento reinante para acordar un tratado de regularización de la guerra “conforme a las leyes de las naciones cultas y a los principios liberales y filantrópicos”. Su iniciativa fue aceptada, conviniéndose el canje de prisioneros, la recuperación de los cuerpos de los caídos en combate, y el respeto a la población civil no combatiente. Cuán distante está Uribe de estos imperativos éticos de humanidad.



Sin duda, asocia Uribe la solución política del conflicto con el fracaso y la inutilidad de su Doctrina de Seguridad Nacional y con el fin melancólico de su arrebato guerrerista de aplastar mediante las armas, la creciente inconformidad social. Parece un soldado japonés de la segunda guerra mundial perdido en una isla, disparando a enemigos imaginarios en medio de su locura.



A los participantes de este intercambio sobre el conflicto colombiano les reiteramos lo planteado recientemente a los presidentes de UNASUR y del ALBA:



“…Con un Uribe imbuido en el frenesí de la guerra y envalentonado con las bases norteamericanas, no habrá paz en Colombia ni estabilidad en la región. Si no se frena el guerrerismo -ahora repotenciado-, se incrementará en proporción dantesca el drama humanitario de Colombia. Es hora que Nuestra América y el mundo vuelvan sus ojos sobre este país violentado desde el poder. No se puede condenar eternamente a Colombia a ser el país de los “falsos positivos”, del asesinato de millares de civiles no combatientes por la Fuerza Pública, de las fosas comunes, del despojo de tierras, del desplazamiento forzoso de millones de campesinos, de las detenciones masivas de ciudadanos, de la tiranía y de la impunidad de los victimarios amparados en el Estado”.



Solicitamos a los asistentes a este evento interponer sus buenos oficios promoviendo, como un principio de solución política del conflicto, el reconocimiento del estatus de fuerza beligerante a las FARC. Sería el comienzo de la marcha de Colombia hacia la paz. Si vamos a hablar de paz, las tropas norteamericanas deben salir del país, y el señor Uribe abandonar su campaña goebbeliana de calificar de terrorista a las FARC. De nuestra parte estamos listos para asumir la discusión en torno a la organización del Estado y de la economía, la política social y la doctrina que ha de guiar a las nuevas Fuerzas Armadas de la nación.



De ustedes atentamente.



Compatriotas,

Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC.

Montañas de Colombia, Febrero 22 de 2010

Tomado de la pagina:www.farcejercitodelpueblo.org

¡Las FARC son invencibles!

Entrevista a Jorge Enrique Botero

Dax Toscano Segovia

A la “bellísima Lucero” y a su compañero de lucha, Simón Trinidad

Días antes de contactar con Jorge Enrique Botero, el entrevistador había empezado a leer un libro de la autoría del periodista colombiano llamado Simón Trinidad, un hombre de hierro. La lectura lo enganchó desde un inicio, al tratarse no sólo de los pasajes de la vida de uno de los comandantes de las FARC-EP, hoy detenido injustamente en una cárcel estadounidense, país al que fue extraditado con el beneplácito de Uribe, sino porque allí también se explica la historia de resistencia y rebeldía de un pueblo que ha sufrido los embates de la criminal oligarquía criolla santanderista y del voraz imperialismo yanqui, lo cual permite, a su vez, comprender por qué la insurgencia colombiana es la fuerza revolucionaria que, levantada en armas, se ha constituido en el ejército de las y los colombianos que forman parte de esa gran masa de desposeídos, desplazados y violentados por esos grupos de poder y sus aparatos criminales militares y paramilitares.
Botero es un periodista distinto a aquellos melindrosos cretinos que circulan por los escenarios de las oficinas de las industrias mediáticas. Ataviado con su traje de combate, Jorge Enrique se mete en los lugares más recónditos para indagar, investigar sobre los hechos, pero sobre todo para, a través de una práctica militante consecuente no sólo con la actividad periodística, sino con la causa revolucionaria, dar a conocer objetiva y verazmente lo que sucede en los escenarios en los cuales se lleva adelante la lucha por conquistar la Nueva Colombia.
A pesar de las acusaciones que contra él han vertido el narcoparamilitar presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez y sus acólitos, no tiene ningún temor de exponer con claridad las mentiras que se vierten contra las FARC-EP a través de una muy efectiva campaña propagandística, difundida por los medios al servicio de la oligarquía colombiana y el imperialismo yanqui.
Con sus conocimientos, resultado también de sus vivencias y de su actividad reporteril, así como de un amplio saber sobre la historia de su país, ha podido demostrar que la insurgencia colombiana no es una agrupación de terroristas, sino de hombres y mujeres con profundas convicciones e ideales revolucionarios que luchan por cambiar la situación oprobiosa en la que está sumida la mayoría de colombianas y colombianos.
Jorge Enrique Botero representa lo que las y los periodistas deberían ser: profundos conocedores de la historia y la realidad social de los pueblos, indagadores asiduos que van en busca de la raíz de las cosas, personas con convicciones profundas y con sólidos principios, luchadores y revolucionarios consecuentes con la causa de los oprimidos y explotados y no rastreros y dóciles repetidores de lo que los amos de las industrias mediáticas les obligan a decir.
Con Botero se comprende en realidad lo que es la insurgencia colombiana, representada principalmente por las FARC-EP.
La propaganda del imperialismo y la oligarquía santanderista colombiana, expuesta principalmente a través de sus industrias mediáticas ha calificado a las FARC-EP como una organización terrorista, de narcotraficantes. Como periodista e investigador ¿qué puedes decir sobre estas aseveraciones?
Le contestaría, Dax, lo mismo que le dije a un tribunal de EE.UU. cuando juzgaba a uno de los comandantes de las FARC extraditados a ese país, Simón Trinidad, en virtud de un tratado que hay entre el gobierno de Colombia y el de EEUU, cuando me preguntó el fiscal qué eran para mí las FARC. Yo le contesté y le respondo a usted que para mí las FARC son una organización político-militar alzada en armas contra el Estado colombiano desde hace ya casi cincuenta años, que tiene una estructura y una forma organizativa que la hace ser un ejército rebelde dentro del territorio colombiano y que tiene y está inspirada por ideales y convicciones políticas e ideológicas, extendida por todo el territorio colombiano y que tiene una decidida vocación de poder y que, en este momento, es un factor de poder en el país.
No es de ninguna manera una organización terrorista. Me parece que esa ha sido una pérfida creación mediática orientada y dirigida por las élites de Colombia y de EE.UU. aprovechándose un poco en la coyuntura posterior al 11 de septiembre de 2001 y sustentada en evidencias inexistentes, puesto que no hay pruebas de eso.
Se menciona mucho cierto tipo de acciones que ejecutan las FARC para sustentar su supuesta condición de organización terrorista, como por ejemplo el tema de las retenciones que hacen las FARC. Este es uno de los caballos de batalla fundamentalmente con los que se trabaja esta idea del terrorismo de las FARC.
Yo puedo dar fe, porque he estado allí, de la condición de prisioneros de guerra que tienen los miembros de la fuerza pública actualmente en poder de la insurgencia. Personas que cayeron en poder de su adversario después de horas y horas de combates, de enfrentar con balas a su adversario. Entonces, unas personas que duraron diez, quince horas combatiendo y que caen en poder de su adversario, mal se pueden llamar secuestrados. Son prisioneros de guerra. Eso no tiene otra denominación.
Por otra parte se acusa a la insurgencia armada de ser una organización terrorista porque supuestamente hacen reclutamientos forzados de menores de edad. ¡Eso es absolutamente falso! Yo he podido constatar esta situación también en mi trabajo de reportería.
Evidentemente hay menores de edad en la insurgencia. Esa es una cuestión innegable y tampoco es algo que oculte la insurgencia. Cuando las cámaras de todo el mundo entraron a la zona del Caguán pudieron registrar, abierta y libremente, la presencia de menores de edad allí. Pero la explicación de la presencia de menores de edad ahí no tiene nada que ver con un reclutamiento forzado. Tiene que ver con la falta de oportunidades y de futuro que tienen esos muchachos, de la ausencia total del Estado, de una perspectiva educativa y de la ausencia total, en muchos casos, de condiciones materiales adecuadas para su desarrollo. Pero es más, yo diría que la gran mayoría de los menores de edad que militan en las filas insurgentes están allí porque sus padres o sus familiares han sido asesinados, bien sea por las fuerzas del paramilitarismo o bien sea por las mismas fuerzas del Estado. Yo he visto niños que llegan allá huyendo de episodios escalofriantes de violencia. Y ¿qué hace la guerrilla? Pues acogerlos, no los va a dejar ahí a su destino, a su suerte.
Por otra parte, por ejemplo, puedo dar testimonio que son niños que no participan directamente de la confrontación bélica, que no están sometidos a los terribles riesgos del combate y que más bien desempeñan funciones logísticas que van acompañadas, entre otras cosas, pues esto es muy irónico, ya que la acusación de terrorismo a las FARC en materia de reclutamiento a menores es una verdadera ironía, porque lo que ve uno allá es a esos menores, que se han visto obligados a tomar esa decisión, aprendiendo a leer, a escribir, alfabetizándose en el mundo insurgente.
Entonces ¿cuál violación al derecho internacional humanitario se está constituyendo ahí? A mi modo de ver ninguna.
En fin, hay una serie de acusaciones que carecen totalmente de evidencia, no son más que una construcción mediática.
Otra de las acusaciones que se hacen a las FARC como parte de la campaña de desprestigio llevada en su contra, que se ha hecho más evidente desde el asesinato de Raúl Reyes, de Iván Ríos, las deserciones de personas que supuestamente tenían un alto rango en la estructura militar de las FARC como Karina o la traición de los dos comandantes en la famosa Operación Jaque, es que esta organización revolucionaria está desmoralizada, en vías de ser derrotada y que sus combatientes están ahí ya no por principios revolucionarios, sino solamente para delinquir. Tú que conoces de cerca a las FARC-EP y que has estado en campamentos guerrilleros ¿qué puedes decir al respecto?
Bueno, es evidente que a lo largo de 2007 y 2008 y en desarrollo de una gigantesca operación militar que ha costado miles y miles de millones de dólares al gobierno de EE.UU. y al gobierno de Colombia, operación en la que se hacen uso de los más sofisticados aparatos de la tecnología moderna en el terreno bélico, las FARC recibieron una serie de golpes que, primero que todo, comprueban que el Estado colombiano y su gran aliado EE.UU. tienen que invertir sumas monstruosas de dinero para poder confrontar a su adversario, lo cual de entrada desmiente aquella idea de que en Colombia no hay un conflicto armado. Pero bien, recibieron golpes, es una guerra y en esa guerra hay momentos de desequilibrio de la balanza militar.
Recuerdo, por ejemplo, que en el año 98 las FARC asestaron más o menos 10 golpes de grandes proporciones a las fuerzas militares y llegaron a tener 500 soldados y policías en su poder como prisioneros de guerra. La balanza militar estaba decididamente a favor de la insurgencia. Entre otras cosas, algunos analistas dicen que fue eso lo que obligó al gobierno del presidente Pastrana a llegar a una negociación política que se conoció como la negociación del Caguán.
Ahora, los golpes sufridos por las FARC en este tiempo, indudablemente resintieron la estructura y, por qué no, el ánimo de la insurgencia. Para una guerrilla cuyo gran mito fundacional, cuyo gran emblema, cuya luz era Manuel Marulanda Vélez, ya no tenerlo por supuesto que representaba un golpe anímico. Los episodios que usted menciona de la muerte en territorio ecuatoriano del Comandante Raúl Reyes, del posterior asesinato de Iván Ríos, etc. generaron también efectos en la estructura militar porque eran jefes guerrilleros y sobre sus hombros pesaban una cantidad de responsabilidades que había que reemplazar.
Pero le quiero decir Dax, yo como observador atento de esa realidad pronostiqué en aquellos momentos que a la guerrilla le iba a costar muchísimo tiempo y esfuerzo para reponerse de los golpes sufridos. Y en desarrollo de mi trabajo de reportería y de seguimiento del conflicto colombiano volví al mundo insurgente en varias ocasiones después de esos episodios y yo me he quedado verdaderamente sorprendido, atónito, diría yo, con la capacidad de recuperación que tiene la guerrilla. Quizás porque, digamos, su fuerza interior es muy grande o porque sus mitos fundacionales y sus propósitos son a prueba de todo o quizás porque también lo habían previsto todo.
Yo recuerdo mucho en mis viajes a entrevistar al Comandante Raúl Reyes, que yo le mencionaba con pesar o le hacía ciertas condolencias porque me enteraba del asesinato o de la muerte en combate de algún guerrillero que conociéramos los dos y él se sorprendía por mi preocupación. Decía “pero nosotros tenemos asumido que si estamos en una guerra lo más normal que puede suceder es la muerte”. Ellos tienen asumido eso desde que toman las armas y se enfrentan al Estado. También saben que una de las posibilidades, e incluso una de las mayores posibilidades de su vida, es la muerte. Entonces, yo no sé en realidad cuáles son los resortes o la suma de resortes que han hecho que hoy en día, después de semejantes golpes, las FARC estén nuevamente en una disposición combativa quizás mayor a la de hace unos años y que hayan tenido ésta enorme capacidad de recuperación.
Yo creo que el discurso de este oficial de los altos mandos militares y del propio presidente Uribe en el sentido de que las FARC están a punto de ser exterminadas, a unas pocas horas de su disolución total, no es más que una aspiración de ellos, un sueño.
Pero yo lo he dicho con todas sus letras, y no lo digo como una consigna, sino lo digo como una realidad histórica, comprobable por la ciencia, por la historia, por la política que ¡las FARC son invencibles, son invencibles!
La otra discusión es si están en posibilidades o en capacidad de llegar al poder. Esa es otra discusión. Pero no las van a aniquilar. Y como no las van aniquilar, esto nos llevaría indefectiblemente a concluir, si somos seres humanos sensatos, pensando en un país, en el futuro de la sociedad colombiana y el ámbito latinoamericano, que la única salida es una negociación política, es la vía del diálogo, es la vía de la suscripción de un gran pacto de paz que le devuelva a los colombianos algo que es muy preciado y que no hemos podido acariciar durante cinco décadas, que es la paz y que nos deje ver el futuro de otra manera, no en esta terrible sensación permanente de belicismo y agresividad a la que nos tiene acostumbrado el gobierno de Uribe.
Muy pocas personas pueden tener acceso a una información objetiva, veraz de lo que realmente constituyen las FARC-EP. Esta situación ha permitido que la propaganda del imperialismo y de los regímenes narcoparamilitares colombianos haya pegado mucho en la gente que cuando escucha sobre las FARC, como ha internalizado de tal manera ese discurso de los poderosos, califiquen a esta organización como de terroristas. Como comunicador social ¿qué elementos consideras tú que caracterizan a esa propaganda y cómo enfrentar esa propaganda para que las personas comprendan mejor que son las FARC-EP?
Importantísima esta pregunta Dax, porque yo creo que ahí está el nudo que hay que desatar. Yo creo que la sociedad colombiana está aterrorizada. El gran trabajo mediático conducido desde las más altas esferas del poder, económico sobre todo, es hacerle creer a la sociedad colombiana que hay un enemigo al acecho, que estamos en medio de los peores peligros y que hay que cerrar filas y que hay que estimular o apoyar aquella idea de que la única forma de acabar con ese monstruo que supuestamente está allá, listo para devorarse a la sociedad colombiana, es con todo los fuegos, con todos los hierros.
Fíjese que a la construcción de la amenaza terrorista de las FARC, que así la denomina el presidente Uribe, le han agregado otro gran demonio que tiene aterrorizada y paralizada a la sociedad colombiana. Hay movimientos de resistencia, hay gente en la calle y está la insurgencia armada, pero si usted se pone a ver en conjunto la sociedad colombiana, ésta está absolutamente paralizada y eso lo hacen también construyendo el otro demonio que es, ni más ni menos, que el presidente Chávez. Falta poco para que en las rutinas familiares de Colombia, aquella vieja amenaza a los niños de que si no se toman la sopa le traigo a yo no sé quien, se convierta en si no se toman la sopa le traigo a Chávez. Es impresionante el nivel de macartización, estigmatización y caricaturización que han hecho del presidente de Venezuela los medios colombianos.
Entonces, en esa atmósfera de sociedad paralizada, que repito ha sido la gran construcción mediática y con eso te contesto a la primera parte de la pregunta, yo veo que no nos queda otro camino que de estimular y darle todo el apoyo, impulso, esfuerzo que sea posible a aquellas expresiones comunicativas que se salen del discurso oficial.
Hablábamos ayer contigo en la inauguración de este encuentro continental de periodistas de la cantidad de herramientas que hay al alcance ahora, y también hablábamos de la afortunada aparición de Telesur en el espectro electromagnético de nuestro continente. Y hablábamos hasta de las paredes, en fin, yo pienso Dax de que no nos queda otra de que si nos han desafiado a una guerra mediática, ¡a las armas mediáticas, con todos los fierros, con todas las herramientas a nuestro alcance!
Hay que contrarrestar de mil maneras este ataque tan horrible de que estamos siendo víctimas desde los medios de comunicación, no nosotros como revolucionarios, las sociedades, la sociedad colombiana en el caso nuestro y la sociedad latinoamericana que pareciera adormecerse un poco ante el excelente y exitosísimo proyecto comunicacional que impulsan las élites.
Esto también les tenemos que aprender. Yo no creo que vamos a apelar nunca a las inmundicias que apelan ellos y a las manipulaciones. Pero desde el punto de vista técnico, desde el punto de vista estético, de calidad, tenemos que aprender y utilizar muchos de esos recursos, porque repito, si algo tenemos que reconocer es que su tarea se ha logrado, ha sido eficaz. Es una porquería, es un atropello, es una cosa maquiavélica, pero eficaz. Entonces nos toca redoblar los esfuerzos con gran decisión, para ver si logramos revertir o nivelar la situación un poco en esta materia.
Parte de los ataques contra las FARC-EP constituye la criminalización de todas y todos quienes, de una u otra manera, manifestamos nuestro apoyo a la insurgencia colombiana. A ti te han calificado como un vocero de “los terroristas”. Esto ha conllevado a que incluso las propias organizaciones de izquierda e intelectuales que han expresado cierto respaldo a las FARC-EP, tengan miedo de hacerlo con mayor frontalidad, manteniéndose en silencio, mientras el imperialismo y la oligarquía vociferan lo que les place. ¿Qué hacer para enfrentar ésta campaña de amedrentamiento, que conduce al silenciamiento?
Yo tengo una teoría sobre eso. Lo que buscan con ésta tarea de criminalizar, estigmatizar y ponerle una etiqueta, un inri a las personas es básicamente amedrentarnos, para que nos ocultemos, nos escondamos, nos vayamos y, por ejemplo, yo que estoy en Colombia que me vaya para Ecuador, para Venezuela, que me abra para Europa o que si tu estás en Ecuador que te escapes para yo no sé dónde. Eso es lo que buscan, y por supuesto que ponen en peligro la vida de muchas personas y múltiples de esas calificaciones atrevidas y sin sustento que hacen sobre esas personas, organizaciones, equipos de trabajo, pueden derivar en tragedias.
El presidente Uribe dice en una rueda de prensa que fulano, fulano y fulano, refiriéndose a tres periodistas, entre ellos yo, “son unos voceros de la insurgencia y unos publicistas del terrorismo”. En Colombia hay más de diez locos que interpretan como una orden para asesinarlo a uno. Entonces qué pasa ahí. Las opciones repito son dos: me escondo, paso a la clandestinidad y empiezo hacer cosas que yo no conozco y no sé hacer y las haré mal o amplio mi escenario de acción y sigo haciendo mi trabajo y lo hago con más empeño, me hago más visible y haciéndome más visible de alguna forma me protejo.
Y bueno, hay que apelar también a las organizaciones internacionales que velan por estos temas de derechos humanos, a las organizaciones de periodistas de todo el mundo, a los pronunciamientos de las personalidades internacionales. Eso de alguna manera limita la capacidad de agresión que tiene el establecimiento contra las personas que hemos decidido enfrentarlo.
Yo me sitúo del lado de los que consideran que ante esos ataques hay que crecer y censuro, aunque en muchos casos lo entiendo, lo acepto, pero me parece que no es el camino adecuado, el exilio, el desaparecer de la escena, callarse y asumir esa actitud.
Otra acusación vertida contra las FARC-EP es la de que ésta organización mantiene secuestrados a un sinnúmero de personas en campos de prisioneros en la selva, donde se les maltrata, se les veja e incluso se les tortura. Tú que has tenido oportunidad de estar en esos lugares ¿puedes contarnos cuál es la realidad sobre las cárceles de las FARC-EP?
Ese tema de la supuesta crueldad en el tratamiento a los prisioneros de guerra, me parece que es otra gran construcción mediática.
Vamos a ver.
Evidentemente las imágenes del cautiverio, yo he grabado varias de ellas, es más creo que el ochenta por ciento de las imágenes que salen del cautiverio son mías, yo he estado allí, he estado varias veces, son imágenes bastante fuertes. Estamos hablando de personas que pasan su cautiverio en la profundidad de la selva, en condiciones atmosféricas difíciles, en condiciones de salubridad complicadas, con dificultades de alimentación muchas veces, en épocas de verano con dificultades de agua, lugares donde entra muy poco sol, están en la mitad de la manigua, repito, y, digamos que desde el punto de vista del impacto visual son muy fáciles de usar con el fin que tú quieras.
Yo me acuerdo, por ejemplo, cuando yo saqué unas imágenes en el canal Caracol, donde yo trabajaba, de los 500 soldados que te decía estuvieron prisioneros de la guerrilla. Cuando saqué esas imágenes saqué un documental y el canal me lo censuró, no lo dejó salir al aire, pero se quedó con mis imágenes. Yo denuncie la censura y me echaron. Pero los “hijuemadres” se quedaron con las imágenes y entonces empezaron a poner en mitad de pantalla campos de concentración nazis en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial y en la otra parte de la pantalla las imágenes mías, haciendo un símil, una analogía entre los campos de concentración nazis y los lugares donde estuve. ¡Nada que ver! Era una utilización, una manipulación. Yo puse una demanda a Caracol por eso, porque entre otras cosas estaban poniendo en peligro mi vida como si yo hubiera ido a esos lugares para ese propósito.
Pero bien, voy hablarle un poquito de las condiciones del cautiverio. La figura esa me causa sentimientos encontrados. Yo entiendo que es la guerra, la confrontación y que son personas que caen en medio de la conflagración en esta situación. Pero es una situación extrema que es muy fácil de manipular y de convertir en una mala imagen para la insurgencia.
Advierto de que son las mismas condiciones en las que están los guerrilleros. Las personas que están en cautiverio desayunan, almuerzan y comen lo mismo que los guerrilleros. Son personas que reciben atención médica, yo he visto atención odontológica, he visto que desde el punto de vista de su rutina no reciben maltrato, no son objeto de ensañamiento por parte de sus captores y hasta he visto situaciones de familiaridad, de camaradería y de amistad, de alguna forma, entre unos y otros.
Ahora bien, se han presentado por supuesto, como se presenta en las cárceles del Estado, casos de intentos de fuga o casos de indisciplina o casos que ponen en riesgo la seguridad de los demás.
¿Cuál es la respuesta que se le da a un preso que se insurrecta en una cárcel cualquiera del mundo? Es el castigo y castigos tenebrosos. Calabozo, aislamiento, etc.
¿Qué le pasa a un preso en cualquier cárcel del mundo que intente fugarse? Pues la orden es impedir que se fugue y si se fuga, seguramente que correrá con graves consecuencias para su vida.
Lo mismo sucede allá, porque para la insurgencia se trata de prisioneros. Entonces si un grupo de prisioneros intenta fugarse, al otro día del intento fallido de fuga, amanece encadenado. Si un grupo de presos o un preso hacen cosas que ponen en peligro la seguridad de los demás y también de la insurgencia y de los guerrilleros que les cuidan pues reciben un castigo. Claro, eso, por supuesto, en el relato, en la utilización mediática que se hace del asunto resulta como algo supremamente cruel e inhumano.
Pero aparte de advertir que me resulta muy doloroso encontrar esas situaciones, creo que se ha magnificado ese tema con un ánimo, repito, de dar una apariencia de crueldad que estoy seguro yo, no existe en la insurgencia y si existe, existe como hechos aislados, como hechos que además son punibles por estatutos y reglamentos de ellos.
Para desprestigiar a las FARC-EP, la campaña propagandística del imperialismo y la oligarquía colombiana señala permanentemente que en las filas de ésta organización se maltrata a las mujeres. Tú tuviste oportunidad de conocer a Lucero, la “bellísima Lucero”, la compañera de Simón Trinidad. Cuéntanos algo sobre esa excepcional mujer.
(Jorge Enrique Botero se siente conmovido al escuchar el nombre de Lucero. Sus ojos se llenan de lágrimas)
Hombre, Dax, me haces sentir un largo escalofrío por mi cuerpo. Solamente escuchar el nombre de Lucero me causa una gran emoción íntima, interna.
Lucero es una típica representante de las jóvenes colombianas que llegan a la insurgencia por la vía de la política. Ella es una muchacha que en su época de estudiante se forma políticamente, ingresa a las filas de la Juventud Comunista, actúa en la legalidad y va viendo caer a su alrededor a todos sus compañeros de lucha que no están echando tiros, sino que están en la brega política legal.
Lucero proviene de una pequeña población de la Costa Atlántica colombiana. Ingresa a la Unión Patriótica y va viendo como todos sus dirigentes se van muriendo a tiros. Tiene la fortuna de encontrarse con un frente guerrillero comandado por Simón Trinidad y ante la eventualidad de morirse o abandonar la lucha, prefiere optar por otra manera de seguir atendiendo a sus ideales.
¿Maltrato? Jamás he observado, es muy posible, estamos hablando de hombres y mujeres que tienen sentimientos y a los hombres les dan celos y a las mujeres les dan celos. Es posible que haya habido episodios medio melodramáticos, incluso violentos entre parejas, así como actitudes machistas, sin lugar a duda.
Pero, por ejemplo, un episodio de violencia sexual contra una guerrillera es lo menos probable que yo me pueda imaginar en el mundo. Porque un episodio de violencia sexual contra una guerrillera es inevitablemente castigado con la pena máxima o si un guerrillero se sobrepasa o actúa de una manera agresiva contra mujeres de la población civil, también es objeto de fortísimos castigos.
No he visto una organización social o un grupo social donde en la práctica los roles femenino y masculino se hayan invertido totalmente a como sucede en la sociedad capitalista. Ahí los roles están totalmente equilibrados. La elaboración de los alimentos, el lavado de la ropa lo ejercen los hombres y ahí viceversa las mujeres no sólo cargan su fusil, sino que se disponen para las tareas más duras de abrir caminos, de abrir trincheras.
Desde el punto de vista práctico, de la rutina diaria de la guerrilla el concepto y la práctica del machismo no existe. Yo creo que algunos de los lugares donde más he visto evolucionada y realizada a la mujer es en el mundo insurgente.
Me río mucho de toda esa habladuría que hay sobre el maltrato a las mujeres y las mujeres objeto sexual y que las mujeres para poder ingresar tienen que pasar por los brazos de los comandantes. Eso me resulta novelado totalmente. Lo que se busca es desestimular el ingreso de las muchachas a la insurgencia y busca crear la sensación de que eso allá es un infierno machista, en el cual la mujer no es sino un objeto sexual para satisfacer los instintos de los demás. Pero yo creo que ellos se mueren de la risa allá y de la rabia también de oír esas versiones, porque el lugar donde mejor he visto yo a las mujeres es allá.
Gracias Jorge. Mi cariño, respeto y admiración para ti por tu convicción revolucionaria y tu consecuencia como profesional del periodismo, metido en el movimiento mismo de lo social y no sólo en los escenarios de las industrias mediáticas.
Gracias a ti.
Diciembre de 2009

En Bolívar nos encontraremos y construiremos la nueva Colombia.

Álvaro Uribe cojea al igual que su gobierno ilegitimo, la justicia también cojea pero como el adagio popular: llegara más temprano que tarde para redención del pueblo.

La seguridad democrática es un cadáver putrefacto que huele a sangre de campesino y tierra arrasada, huele a glifosato y a falso positivo, para los mas pudientes es imposible percibir el hedor que emana del congreso nacional y la casa de “Nari”; pero la comunidad internacional conoce el origen de las cifras optimistas del estado pues saben a que huele el fascismo y por ello la podrida oligarquía tiembla de miedo pues es directa responsable de la tragedia que vive el pueblo colombiano. Ahora el mundo conoce la alianza entre narcotraficantes, paramilitares, terratenientes y empresarios que actualmente gobierna a Colombia, alianza siniestra que pretende a punta de moto sierra detener el despertar del pueblo amado de bolívar, la oligarquía se ahoga en su ponzoña ante la inminencia de la paz con justicia social. Los espera la justicia internacional.

La oligarquía no está en el poder para producir los cambios que necesita nuestro pueblo, es claro que sus políticas van en contra de la paz y además en contra de aquellos que quieren una patria democrática, con justicia social y soberana. Los directos responsables de la situación que hoy enfrenta el país son los integrantes de la clase política y económica dirigente, que por mantenerse en el poder hacen uso de una guerra sucia; guerra sin reglas enmarcada en el crimen y la violencia para imponer su propia ley. Es esta clase dirigente la que ha entregado la soberanía de nuestra Colombia Bolivariana al peor enemigo de la dignidad en el mundo, el imperio yankee.

Las bases militares imperialistas, los acuerdos con el FMI, la intervención directa en las decisiones políticas y económicas del tío Sam en nuestra nación, se convierten hoy en nuestro mayor problema pero no es superior a nuestro imparable anhelo de respirar el aire de la libertad, la dignidad y la soberanía. El gobierno de Uribe Vélez en Colombia es el mayor obstáculo para los procesos de liberación y unidad en nuestra América Latina, este gobierno apátrida ha convertido a Colombia en el Israel de América, en el portaaviones de los gringos, en una patria prostituida. El tío Sam asecha con sus bases en nuestro territorio el progreso de dichos procesos que se dan en nuestros pueblos hermanos con el objetivo de eliminar para siempre el espíritu de Bolívar que camina por todo el continente. La llamada “Fuerza Pública” nacional es arrastrada y subordinada ante el ejército yankee sin rubor, han perdido hasta el honor militar.

La pregunta es ¿En esa medida qué intereses representa la llamada Fuerza Pública? No es difícil encontrar esa respuesta; representa los intereses de los ricos, de los explotadores, de los gringos, del neoliberalismo, de su política y su expansión a expensas de la represión a los pobres, de la explotación, de la colonización. A esta situación degradante los revolucionarios de Colombia oponemos un proyecto socialista que sin duda será el camino hacia el futuro, hacia la nueva Colombia. Es así, como es evidente la imperiosa necesidad de disolver esa falsa institucionalidad para abrir camino con las Fuerzas Armadas Revolucionarias del pueblo a la unidad, la reconstrucción y la reconciliación de esta Colombia fracturada gracias a los intereses egoístas de clase.

El proyecto que se trazo la oligarquía guerrerista hace unos años de “refundar la patria” al estilo narco paramilitar, fracaso! Como a lo largo de la historia, el pueblo colombiano se resistió a la imposición de un modelo político, social, militar excluyente y apátrida; son ya siete años de la más dura represión y señalamiento, siete años de un gobierno sin dignidad ni escrúpulos que se ha dedicado a entregar nuestra soberanía, nuestros recursos y nuestro futuro a las potencias mundiales y a las empresas transnacionales. Es patriótica la resistencia de la insurgencia colombiana.

No esperábamos menos, la esencia de la oligarquía colombiana es la ilegalidad y el crimen, a lo largo de nuestra corta y penosa vida republicana la clase dirigente colombiana se ha caracterizado por ser asesina y recurrir a los métodos como la la manipulación de la información con ayuda de los grandes emporios de la comunicación quienes con actitud amañada mantienen y agudizan más la ignorancia y la miseria del pueblo para mantener los privilegios ganados sobre la sangre de cientos de miles de víctimas inocentes, los oligarcas pretenden construir legitimidad con metralla y bombardeo, nada mas ilegitimo que este régimen narco paramilitar, mafioso y criminal de Álvaro Uribe Vélez.

Bolívar caló hondo en el pueblo colombiano, nos enseño el amor por esta tierra y por la libertad que de ella es natural, cuando su proyecto fue traicionado se convirtió en rebelión y lucha, se convirtió en subversión y resistencia que perdura hasta nuestros días en las montañas de la dignidad, las montañas de Colombia.

La Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar fue la máxima expresión de lucha armada articulada del pueblo colombiano, hizo palpable la Unidad Insurgente y Revolucionaria, aglutino organizaciones sociales simpatizantes con la insurgencia y la mezclo con capacidad militar ofensiva que puso en jaque al Estado colombiano, lograron (con la unidad alcanzada política y militarmente entre las FARC-EP, la UC-ELN, el EPL, ADO, PRT, M19) materializar duros golpes militares al ejercito oficial para así sentar al gobierno a negociar la paz, tras lo cual; el pueblo vio posible ver realizados sus sueños de paz con justicia social y no “la paz de los arrodillados” que mencionara Jacobo Arenas. Gracias a la voluntad de paz de la CGSB las organizaciones revolucionarias y el pueblo concentraron sus esfuerzos para tomarse el poder dentro del juego de la democracia burguesa creando la Unión Patriótica como opción política para concretar el fin mencionado, pero todas estas ilusiones de paz fueron masacradas a tiros por la oligarquía con el genocidio político de la UP y el bombardeo a casa verde el día que se votaba la nueva constitución del país.

La clase dirigente no representa los intereses de los sectores populares, ellos optan por llamar a los integrantes del ejército revolucionario “narco-terroristas” como si esto fuera a deslegitimar la lucha y el sueño de gobernar y administrar nuestra nación por un futuro mejor. Esta conceptualización por parte de los integrantes del narco-estado que hoy dirige los rumbos del país, en apoyo a las políticas de Estados Unidos, son la muestra de que para la oligarquía es más fácil hacer la guerra que sentarse a hablar de paz, esta denominación implica la falta de reconocimiento del enemigo y la negación total de la realidad q vive el país. El propósito siempre es y ha sido ganar el reconocimiento del pueblo y conquistar la beligerancia política frente al sistema jurídico internacional en medio de la lucha político-militar que adelanta el pueblo colombiano para poder construir un Nuevo Gobierno, el gobierno del pueblo.

La Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, hace palpable el ideal bolivariano de la Unidad para conquistar la libertad, ideal que trasciende las particularidades y pone énfasis en someter al Estado mediante la unidad combativa del movimiento insurgente. Y es que el Estado fue sometido, por no decir arrinconado, obligándolo a que brindara las condiciones para que dichos diálogos fueran acometidos, como se anota arriba, la Unidad fue la clave que posibilitó el consiguiente arrinconamiento del Estado, la unidad con la claridad de que el combate era por la paz logro la articulación de las guerrillas colombianas, articulación que renace en nuestros días para luchar contra el imperio gringo.

La paz trasciende el acto de abandonar la lucha armada y entrar a jugar bajo las reglas que se imponen en el régimen político colombiano, la paz será lograda tras la eliminación de las causas objetivas del conflicto y la inclusión de todos los sectores sociales, políticos y económicos del país, la paz se logra cuando conquistemos y universalicemos derechos como la salud, la educación, el trabajo y por encima de todos el ideal de justicia social.

Es relevante este análisis, pues en su construcción no hay otra motivación que la de poner de manifiesto la situación concreta a la que nos enfrentamos como movimiento social y político teniendo en cuenta la historia del conflicto armado y la resistencia en Colombia, antes de proceder en la consecución de un movimiento amplio de masas debemos ser prudentes y utilizar la táctica y la estrategia frente a los desafíos que nos presenta el Estado colombiano y en especial su gobierno que no hace otra cosa que impedir la participación tanto de colectividades como de individuos, poniendo especial atención en impedir la de los primeros pues atenta contra su esencia misma, el imperio yankee también avanza para impedir el nacimiento de la nueva Colombia juntos con los lacayos criollos pretenden favorecer la desigualdad y el fraccionamiento de las clases empobrecidas del país para con ello minar nuestra moral revolucionaria y profundizar el sometimiento de mano de obra a las necesidades del mercado internacional.

En esa medida, nuestra misión es seguir trabajando en el impulso y organización del proyecto revolucionario para alcanzar los objetivos libertarios que hoy nos unen. La articulación de los distintitos sectores sociales con la insurgencia como vanguardia y garantía es prioridad para combatir la y represión, la desinformación y el fascismo de la que son víctimas nuestros compatriotas, además, cómo movimiento político revolucionario debemos invitar al pueblo colombiano a no ser indiferente ante su realidad, por un bien propio, por el bien de la unidad, aquella unidad que nos dará la libertad y la paz construidas por medio de vías políticas y enmarcada en una conquista del pueblo y para el pueblo.

Núcleo bolivariano Juan de la cruz Varela.

Año del bicentenario.