9.22.2009

LA UNIVERSALIZACIÓN DE FOUCHÉ

El 31 de mayo de 1759, hace doscientos cincuenta años, en la Francia pre-revolucionaria, nace José Fouché, personaje que pasaría a la historia como el más grande representante del oportunismo y el transfuguismo político. En palabras de Stefan Zweig -su biógrafo- “un genio tenebroso”; maestro del engaño y de la simulación que con su apariencia humilde y subalterna, con sus convenientes silencios, cálculos e intrigas, con su saber pasar desapercibido, casi que invisible, logró ganar posiciones en todos los partidos y defender simultáneamente tesis y opiniones antagónicas.

Cuando se inicia el proceso revolucionario, Fouché se encuentra comprometido como clérigo oratoriano y comparte la vida monástica con las labores de profesor. En 1789 apoya con entusiasmo la toma de La Bastilla. Es elegido diputado de la Convención en 1792, milita inicialmente con los moderados Girondinos que constituyen la mayoría, pero cuando éstos pierden terreno frente al empuje radical de los Jacobinos, con Robespierre a la cabeza, Fouché convenientemente cambia de bando y se convierte en uno de sus más fervientes seguidores, siendo promotor de la ejecución de Luis XVI. Fue miembro activo del Comité de Salud Pública, responsable de los procesos de persecución a las doctrinas religiosas, de la instauración del llamado Régimen del Terror y de la condena a muerte de miles de burgueses acomodados. Luego conspiraría contra Robespierre y participaría en el golpe de Thermidor en 1794 que envió a Robespierre a la guillotina. Tras una corta persecución hizo parte del Directorio y, nombrado ministro de la policía, colaboró en el golpe de Estado que llevó al poder a Napoleón, quien en gratitud lo nombra Duque de Otranto. Al apartarse de Napoleón, trabajó hasta lograr el retorno de los Borbones a Francia y restaurar el gobierno de la monarquía, del cual fue inicialmente jefe de policía y después diplomático. Iglesia, Consulado, Directorio, Imperio, Reino… a todos les fue fiel.

“Fouché -dice Zweig- no conoce más que un partido al que le es leal y al que permanecerá fiel hasta el final: al más fuerte, al de la mayoría”. Este astuto camaleón representa, el comportamiento cotidiano de los politiqueros colombianos, a izquierda y a derecha. No sólo a Noemí Sanín, a Roy Barreras y a los diversos integrantes de esas pequeñas empresas electorales que apoyan el actual gobierno y que han aprobado el transfuguismo como expresión corriente de su “activismo” político, sino a todos esos parásitos del presupuesto oficial en las diversas entidades de gobierno, incluso en las universidades.

Práctica amañada que evidenciamos también hoy en personajes como Lucho Garzón, Salomón Kalmanovitz, Antanas Mockus, Sergio Fajardo y muchos otros, y que en nuestro país tiene una larga historia, que podemos rastrear en “próceres”, “caudillos” y “prohombres” del pasado, como José Eusebio Caro, Tomás Cipriano de Mosquera, José María Samper o Rafael Núñez, quienes fluyeron constantemente de uno a otro partido político, sin que resultase afectado para nada su prestigio. Este fenómeno, coloquialmente llamado “lentejismo” (en alusión a la bíblica venta de la primogenitura por un plato de lentejas por parte de Esaú a Jacob), quizá corresponda a una especie de inconsciente colectivo de nuestros politiqueros, originado por la impronta histórica establecida por el general Francisco de Paula Santander.

El transfuguismo en todo caso es tradicional en nuestro país, nadie lo discute, no solo en cuanto a las militancias políticas, también en los quehaceres académicos. Hasta intelectuales, ayer comprometidos con causas revolucionarias y de izquierda, hoy marchitos e impotentes ensayan, desde el desencanto y la renunciación, opciones pragmáticas que les garanticen allanar el camino del “reconocimiento” por parte de los usufructuarios del poder -de cualquier poder- y así alcanzar contratos, cargos, o asesorías, ocultos tras el supuesto velo de la “neutralidad investigativa”, de la cátedra, o del “servicio a la patria”.

Al conmemorar los doscientos cincuenta años del nacimiento de Fouché -“el tipo maquiavélico más perfecto de la época moderna”-, quisiera solicitar a las autoridades competentes que se tramite ante quien corresponda, la beatificación de José Fouché y se le declare el santo patrón de los políticos colombianos y de todos aquellos que tienen alma de secretario y medran en su nombre en los más diversos organismos y entidades.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Este es un espacio de discusion. En donde la fuerza esta en los argumentos.