9.22.2009

GALAN Y URIBE: LEGADO RELEGADO Y RENEGADO

Increíble, pero el 18 de agosto, para conmemorar el crimen de Galán, Álvaro Uribe, campeón indiscutible de los sepultureros de las ideas galanistas, tuvo la osadía de ensalzar la figura del líder del Nuevo Liberalismo haciendo elogios a la honestidad del caudillo para luego difundir que su ejemplo de vida era el conductor de sus gobiernos.

El tamaño del cinismo de Uribe le permite pregonar que Galán, quien siempre colocó a la justicia como la más alta responsabilidad del estado y emprendió en el congreso el más encarnizado debate contra el Estatuto de Seguridad de Turbay –tan parecido y afín a la política de seguridad de Uribe-, era el faro iluminador de su gestión.

Será que Uribe y su séquito creen que la amnesia colectiva ha llegado al punto de hacer olvidar que sus gobiernos se han empeñado en politizar la justicia y justicializar la política al fundir en un solo ministerio la política y la justicia, que Uribe ha programado llenar los vacíos de las altas cortes con magistrados consentidos-consentidores y que sus gobiernos han enfrentado, sin medir consecuencias, veredictos judiciales y mandatos constitucionales para hacerse reelegir y, que para colmo del descaro, olvida que fue Galán quien alertó, hace más de dos décadas, sobre el riesgo para la democracia colombiana del contubernio clientelismo político y crimen organizado –investigación que hoy afecta grandes varones electorales de Uribe- y, para seguir hablando de olvidos en la “guíanza espiritual” del Presidente, éste olvida que Galán creía que cualquier política de seguridad del Estado se basa en el respeto sagrado a los derechos humanos, tan relegados en estos gobiernos que interceptan comunicaciones, “ajustician” ciudadanos ciertos para presentarlos como falsos positivos de guerra y se utiliza sin pudor la demagogia, el poder mediático y el rumor tendencioso de confrontación con países vecinos para violar cotidianamente el sagrado derecho social a la información.

Ante el panorama desolador contexto uribista sólo cabe preguntar si es posible rescatar parte del legado de Galán acudiendo a las reservas de decencia patriótica, que ocasionalmente asoman con timidez en medio de la crisis de valores cuando un parlamentario rechaza una Notaria y unos puestos diplomáticos o cuando se resiste a la seducción de recibir unos cargos en la Procuraduría por su voto para el titular del Ministerio Público o cuando un Alcalde electo ejerce influencia para que el Personero del municipio sea del grupo de sus opositores y para ejercer control efectivo de su administración.

Resulta irónico y peligroso para el futuro de la nación el que el “presidente-émulo” de Galán estuviera impartiera órdenes a sus ministros-lacayos, para que a cuenta del erario público, se premiara a los congresistas dispuestos a jugarse su investidura y su futuro político por sacar a flote la reelección uribista confrontando los legados de su “mentor” Galán quien siempre defendió las tesis de la independencia de los poderes públicos y la necesidad de partidos e instituciones fuertes capaces de profundizar la democracia para romper con las viejas maquinarias clientelistas y corruptas.

Si algo queda del legado de Galán este debería apostarse contra el propósito presidencial de derrumbar el Estado Social de Derecho utilizando el artilugio del “Estado Social de Opinión” e instaurar la dictadura de la encuesta, el aplauso y el desmoronamiento ético de nuestro ser social.

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