5.27.2009

RAUL, EL OSCURO OLVIDO NO SERA TU COMPAÑIA

22 de Mayo de 2009
RAUL, EL OSCURO OLVIDO NO SERA TU COMPAÑIA
Por: PASTOR ALAPE / MIEMBRO DEL ESTADO MAYOR FARC-EP

Aún vivo el dolor y contenida la rabia por el deber que nos obliga a la acción razonada, cerramos cualquier ranura al oscuro olvido, exaltando la vida honrada de combatiente revolucionario del comandante Raúl Reyes y al destacado contingente de mujeres y hombres que le acompañaban, caídos, vejadas y acribilladas con tiros de gracia el 1 de marzo de 2008, después del bombardeo aéreo del pentágono y de las fuerzas represivas del gobierno de Uribe Vélez, en la frontera con el Ecuador. A ellas y a todos que plenos de amor y valor consagraron su existencia al noble deber de combatir la injusticia, les colmamos de honores.
Raúl fue un destacado militante comunista bolivariano, líder de la clase obrera, que acompañó importantes jornadas de las luchas campesinas y estudiantiles en el sur del país.
Como obrero se entregó pleno de energías en la articulación del movimiento obrero y las luchas agrarias.
Sus andares se orientaron a nutrir la conciencia crítica y revolucionaria de mujeres y hombres, jóvenes, obreros, campesinos y estudiantes, para abordar los riesgos del combate hasta las últimas consecuencias, y sepultar las causas reales que originan la desigualdad.
Fue un marxista y bolivariano que refrendó, con su práctica diaria y sin poses, postulados morales y éticos asumiendo el "hermoso riesgo" con su piel a cielo abierto, fortificado en las razones que le brindó el barrio, el paramo, la selva o el llano.
Ante la persecución física del terrorismo oligárquico, descartó de tajo el aislamiento y la inactividad del exilio. Se elevó indeclinable al "escalón más alto de la especie humana" como afirmó el Che, y se tiró el fusil al hombro. Radiante de amor y de ternura se abrazó a la guerrillerada y a cada experiencia trajinada. Colectivizó sus energías, labró nuevas experiencias y ofreció su corazón al proyecto socialista.
Le conocí en enero de 1984, aportando sus trazos en la delineación del paisaje para la paz, en Casa Verde. La primera conversación estuvo centrada sobre la responsabilidad de los mandos para elevar los conocimientos políticos, militares y culturales ante la coyuntura política que se presentaba, ya que se iniciaba el proceso de diálogos por la paz con el gobierno de Belisario Betancur y la organización enfrentaba retos que requerían una dinámica de permanente iniciativa y compromiso en la ejecución de los lineamientos políticos y militares que nos permitiera nuclear todo el apoyo de la población hacia la paz verdadera; resaltó la responsabilidad política y moral que pesaba sobre quienes proveníamos de procesos juveniles de la acción política revolucionaria, para impulsar el movimiento; del respeto y el aprendizaje que se debía asimilar, en todas nuestras actividades, a quienes habían jalonado la construcción de la fuerza revolucionaria hasta ese momento. Recomendó lecturas de la experiencia de la guerra de los mil días en nuestra patria, de la revolución de octubre, de la cubana, nicaragüense y de la resistencia vietnamita, como recordando que, quien conoce la historia, le acompañan menos riesgos de cometer errores en el desenvolvimiento de esta.
Del año 1986 a 1990 el desarrollo de los planes me permitió compartir muchos espacios con el comandante Raúl. En ese periodo conocí su intensa actividad por informarse, por estudiar y analizar los diversos fenómenos que afectan a la sociedad colombiana y latinoamericana; su incesante preocupación por la educación colectiva, sus esfuerzos e iniciativas para la concreción de los planes, su compromiso con la práctica de la dirección colectiva y la democracia interna, por el ejercicio de la crítica y la autocritica como metodología colectiva de superar desaciertos y construir las pequeñas victorias que sumadas configuran la victoria estratégica. Su humanismo socialista acentuando preocupaciones en el hombre, en la mujer, en su condición humana y sus sueños, amores y familia. Su alegría por el acierto cotidiano. Su humor “opita” y también limitaciones y deficiencias, que como caminantes sociales nos acompañan, pero que nos obligamos superar a diario.
Fue un revolucionario integro, destacado combatiente por la paz verdadera: la de la equidad social, la del fin de la marginalidad, la de la distribución justa de la riqueza, la que garantiza el ejercicio pleno de los derechos sociales y políticos. Un devoto luchador por la justicia y militante sostenido de la solidaridad y la hermandad de los pueblos del mundo.
Llevó el abrazo Fariano, combativo y radiante de abnegación, entusiasmo, fraternidad, respeto, lealtad, solidaridad y ternura a los pueblos del mundo, a través de los líderes de cada una de las fuerzas democráticas y revolucionarias con quien hemos fraternizado.
Antes de su caída, por el bombardeo imperial, todas sus energías estaban dirigidas a buscar voluntades y compromisos para desatar el ovillo que posibilitara sacar a la nación del laberinto de la violencia, por un acuerdo para disminuir los efectos del conflicto sobre la población civil y resolver el problema de los prisioneros de ambas partes. Pero el imperialismo y el actual gobierno terrorista y narco-autoritario, asesinaron su palabra que esperanzaba la paz, sepultando así, cualquier posibilidad de acuerdo humanitario con el actual gobierno.
El régimen narco-autoritario de la “seguridad democrática” se acobarda ante escenarios que posibiliten profundizar en las causas que originan y alimentan el conflicto, porque los vínculos que todo el país conoce, de Uribe Vélez con el terror y las mafias de narcotraficantes, quedará al desnudo y ante el juicio que las miles de víctimas reclaman. En un escenario hacia la verdadera paz, no puede manipular a periodistas, ni opiniones, ni a jueces y magistrados; ni amenazar, calumniar y asesinar a sus opositores, para ocultar su expediente criminal.
Para mantenerse a flote, el narco-autoritarismo Uribista necesita embelesar a la nación con falacias como la derrota de las FARC-EP, el fin del conflicto, o estupideces como la de que estamos en el pos-conflicto. Por eso se esmera en beneficiar, sobre las penalidades de la inmensa mayoría de colombianos, con los proyectos de acumulación capitalista representados en mega proyectos mineros, energéticos, de agro-combustibles y de infraestructura, a multinacionales, a grandes capitalistas y narco-latifundistas a quienes representa en el gobierno.
El déspota publicita el argumento, producto de su fantasioso deseo y el de la clase que representa, de que la muerte de los comandantes Raúl Reyes, Iván Ríos y de nuestro comandante en jefe Manuel Marulanda Vélez, sepultaría el proyecto de la revolución. Qué lejos están los deseos de los sectores más reaccionarios de la oligarquía colombiana y el imperialismo, de la realidad que vive nuestra patria; la fortaleza de la resistencia armada, nutrida con el apoyo popular, se mantiene vigente, fortalecida y organizada. Junto al movimiento popular, enfrentamos exitosamente el terrorismo estatal mejor financiado por el imperialismo en toda la historia de nuestro continente.
El comandante Raúl, que aún en restos mortales causa miedo a la mezquina oligarquía, hasta la infamia de ocultar su tumba, camina en los pasos de cada combatiente Fariano, sus palabras en cada palabra disparada contra la opresión, en cada argumento por la soberanía. Su sensibilidad en cada expresión de arte y de ternura, en cada caricia de amor y compromiso, en cada abrazo alentando lealtades, en cada encuentro militante de las células del partido, en cada entrega de heroísmo miliciano, en cada oración de las comunidades cristianas y en cada lucha de nuestro pueblo, porque Raúl personificó el anhelo de justicia de todos los pobre de Colombia y estará vivo en el corazón del pueblo y taladrando hasta el insomnio el confort de la oligarquía y el imperialismo.
Raúl, el yerto olvido jamás visitará tu tumba.
Pastor Alape.
Marzo 1 de 2009.

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