3.25.2009

Tercera carta de Colombianos por la paz al Secretariado de las FARC EP

Tercera carta de Colombianos por la paz al Secretariado de las Farc-EP

Bogotá DC, marzo 1 de 2009

Señor D.

Alfonso Cano

Comandante de las Farc-Ep

Demás miembros del Secretariado

Montañas de Colombia

Reciban nuestro saludo con la esperanza de una paz duradera.

Colombianas y colombianos por la Paz reiteramos nuestra voluntad de continuar en el proceso de intercambio epistolar con las Farc. Reconocemos la voluntad de esta guerrilla, el CICR y el gobierno de Brasil, así como la aceptación del Gobierno nacional para que la liberación de cuatro integrantes de la Fuerza Pública y dos dirigentes políticos llegara a feliz término. Tales liberaciones constituyen una referencia positiva para el necesario proceso de una salida negociada que permita poner fin al conflicto social y armado interno por medios distintos a los de la guerra.

Como lo hicimos desde el inicio de este diálogo epistolar, rechazamos y condenamos las prácticas contrarias a los más elementales principios humanitarios y confiamos en que gestos como el de las liberaciones recientes conduzcan en poco tiempo a un reconocimiento expreso de que la degradación del conflicto está desarticulando política y moralmente a la sociedad colombiana y concluya en una franca, decida y definitiva proscripción de la prácticas lesivas de los valores humanitarios más esenciales. Reiteramos nuestra inquietud acerca de si las Farc están dispuestas a excluir del conflicto armado el secuestro como arma de lucha.

Un primer paso en esta dirección es, sin duda, la apertura hacia un acuerdo humanitario, contenida en sus más recientes comunicaciones. Es indispensable precisar, con urgencia, el marco dentro del cual se podría adelantar ese acuerdo, estableciendo las circunstancias de tiempo, modo y lugar, de tal manera que podamos contribuir a su pronta realización. A nuestro juicio, tal mecanismo debe dar inicio a la búsqueda de alternativas para la terminación del conflicto. Ese acuerdo, además del intercambio, debe permitir negociaciones políticas que conduzcan al logro de la paz, como anhelo supremo de la sociedad.

Esperamos continuar con nuestro apoyo al acuerdo humanitario en los términos señalados y a la construcción de espacios adecuados para hacer efectivo el derecho constitucional a la paz.

Cordialmente,

Colombianas y colombianos por la Paz,

Piedad Córdoba Ruíz, Alpher Rojas Carvajal, Alberto Cienfuegos, Medófilo Medina, Daniel Samper Pizano, Jorge Enrique Botero, Alan Jara, Olga Amparo Sánchez, Francisco Caraballo, Marck Chernik, Felipe Zuleta, Leopoldo Múnera Ruíz, María Elvira Bonilla, Alfredo Beltrán Sierra, Luis Jorge Garay, Mario Esteban Hernández, Víctor Manuel Moncayo, Ricardo García Duarte, Gloria Cuartas, Iván Cepeda Castro, Florence Thomas, Gloria Inés Ramírez, Alfredo Gómez-Muller, Luís Fernando Medina, Andrés Felipe Villamizar, Angélica Mateus Mora, María Teresa Arizabaleta, Carlos Salgado, Fabio Morón Díaz, Rocío Londoño Botero, Consuelo González de Perdomo, José Gregorio Hernández, William Ospina, Gabriel Misas Arango, Lilia Solano, Gustavo Gallón Giraldo, Luís Eladio Pérez, Ricardo Sánchez A, Oscar Tulio Lizcano, Carlos Miguel Ortiz, Claudia Rugeles de Jara, Jaime Angulo Bossa, Jimmy Viera, Orlando Beltrán Cuellar, Alfredo Molano B, Javier Darío Restrepo, Darío Arizmendi Posada, Ramón Jimeno, David Sánchez Juliao, Gustavo Álvarez Gardeazábal, Ricardo Bonilla G, Vera Weiller, Hollman Morris, Harold Alvarado Tenorio, Arlene B. Tickner, Vladimir Flores (Vladdo), Fabio López de la Roche, Luis Eduardo Celis, Gustavo Páez Escobar, Marlene Singapur, Alberto Rojas Puyo, Francisco Leal Buitrago, Hernando Gómez Buendía, John Sudarsky, Efraín Viveros, Daniel García-Peña, Consuelo Ahumada, Renán Vega Cantor, Felipe de Brigard, Álvaro Camacho Guisado, Ricardo Montenegro V, León Valencia A, Raúl Alameda O, Marleny Orjuela, Gladis Jimeno, Fabiola Perdomo E, Deyanira Ortiz Cuenca, Martha Arango de Lizcano, Ángela de Pérez, Yolanda Polanco P, Daniel Pecaut, Gabriel Izquierdo S.J., Fernán González S.J., Oscar Mejía Quintana, Mauricio Rojas Rodríguez, Gelasio Cardona Serna, , Carlos A. Rodríguez Díaz, Apecides Alviz F, Julio Roberto Gómez, Sergio Pulgarín Mejía, Juanita Barreto G, Blas Zubiría Mutis, Sergio Bustamante, Padre Henry Ramírez Soler cmf, Arnulfo Bayona, Ramiro Galvez, Juan Sebastián Lozada P, Álvaro Camacho Guisado, Apolinar Díaz-Callejas, Lisandro Duque Naranjo, Jaime Caicedo T, Ciro Quiroz, Miguel Ángel Herrera Z, Carlos Lozano Guillen, Fabián Acosta, Jairo Maya Betancur, Jorge Gantiva Silva, Carlos Villalba Bustillo, Constanza Vieira, Venus Albeiro Silva, Santiago García, Pepe Sánchez, Patricia Ariza, Carlos Álvarez Nuñez, Víctor Gaviria, Jennifer Steffens, Bruno Díaz, Zulia Mena, Gustavo Duncan, Lilia Solano, Julio Silva Colmenares, Arturo Escobar, Rafael Ballén, William García Rodríguez, César Augusto Ayala Diago, Diego Otero Prada, Rubén Darío Flórez, Darío Villamizar H, Luís Alfonso Ramírez, Fabián Acosta, Alonso Ojeda Awad, Eduardo Gómez, Carlos Villamil Chaux, Fernando Estrada G, Moritz Akerman, Sara Leukos, Pilar Rueda, Marina Gallego, Leonor Esguerra, Luz Helena Sánchez, Clara Elena Cardona, Osana Medina, Deide Olaya, Irma Ortiz, María Eugenia Sánchez, Martha Zapata, Dunia Esther León Fajardo, Olga Lucía Ramírez, Darío Morón Díaz, Santiago Vásquez L, Enrique Santos Molano, Libardo Sarmiento Anzola, Reinaldo Ramírez García, Antonio Ramírez Caro, Cristóbal González, Fabio Velásquez, Darío I Restrepo, Jairo E. Gómez, Daniel Libreros C, Héctor Moreno Galviz, Mauricio Archila Neira, Dora Lucy Arias, Luís Alberto Ávila A, Norma Enríquez R, Orsinia Polanco, Caterina Hayeck, Guillermo Silva, Luís Enrique Escobar, Eduardo López Hooker, Eduardo Carreño, Alexandra Bermúdez, Fernando Arellano, Gabriel Awad, Cristo Rafael García Tapias, Alfonso Santos C, Jorge Lara Bonilla, Miguel Eduardo Cárdenas, Andrés A. Vásquez M, Jaime Calderón Herrera, Álvaro Bejarano, Álvaro Delgado, Álvaro Villarraga, Armando Palau, Juan de Dios Alfonso, Carlos Rosero T, María Eugenia Liévano, Gonzalo Uribe Aristizabal, Edgar Martínez C, Esperanza Márquez M, Dídima Rico Chavarro, Danilo Rueda R, Eduardo Franco Isaza, Evelio Ramírez, Alejandra Millar, Patricia Ramírez, Gabriel García B, Gabriel Ruiz O, Germán Arias Ospina, Gustavo Puyo T, Gustavo García, Hernán Cortés A, Emperatriz de Guevara, Robertina Sánchez, Enrique Murillo, Milena Murillo Sánchez, María Areiza, María de Los Ángeles Moreno, Diana Murillejo, Norma Trujillo, Gloria María Marín, Dolores Carrero, Carlos Julio Forero, César Guarín, Carmen Guarín Uriel Pérez, Cecilia Ramírez, Virginia Franco, Eufracio Beltrán, Marlen Sarmiento, Luís Evelio Pinchao, Myriam de Roa, Janeth González, Paola Callejas, Amanda Rojas, Henry Rosas, Edna Margarita Sánchez Rivas, Paola Sánchez Rivas, Magdalena Rivas, Silvio Hernández, Olga Lucía Rojas, Gricelda Medina, Víctor Rojas, Carolina Rojas Medina, Rosalba Sierra, María Concepción Chagueza, Janeth Moreno Chagueza, Fernando Romero Romero, Oscar Romero R, Esperanza Estrada, Fanny Martínez, Cielo Erazo, Blanca Mayta de Erazo, Luz Dalia Mora, Andrés Bazante, Trinidad Orjuela, Tiberio Donato, Carmenza Gómez, Jaqueline Donato Gómez, Oliva Solarte, Patricia Trujillo Solarte, Gladiys Duarte, Ruth Amelia Argote, Alfredo Rojas, Susy Abitol Arenas, Daniel Lasso, Marleny Orjuela Manjarres, Ivonne González, Jaime Pulido Sierra, Jaime Vasco A, Juanita Bazán A, Luís Eduardo Salcedo, Luís Jairo Ramírez H, Mario Santana, René Antonio Flórez C, Víctor José Pardo, María Teresa de Mendieta, Silvia Patricia Nieto. Siguen más de 155.000 firmas...

A UN AÑO DE LA MUERTE DEL CAMARADA MANUEL

23 de Marzo de 2009
A UN AÑO DE LA MUERTE DEL CAMARADA MANUEL

Por: Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Camaradas del Estado Mayor Central, direcciones de Bloques, Comandos Conjuntos, Frentes, Columnas, Compañías, Guerrillas y Escuadras; guerrilleras y guerrilleros, Sandra e hijos, PCCC, milicias Bolivarianas y Populares, movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia y al pueblo Colombiano les decimos hoy que a un año de la desaparición física del Comandante Manuel Marulanda Vélez las FARC- EP seguimos adelante desarrollando el plan estratégico, guiados por todos los documentos que han producido las 9 conferencias nacionales de guerrilleros, plenos del Estado Mayor Central y su Secretariado en 44 años de confrontación política militar con el estado colombiano, su régimen oligárquico y excluyente, amamantado y dirigido por el imperio.
La vida revolucionaria de Bolívar, Jacobo y Manuel, son ejemplo a seguir, por su amor al pueblo y lucha permanente contra los esclavistas, capitalistas e imperialistas que son los que engañan, eliminan, desaparecen, invaden y se alimentan con la sabia de los pobres del mundo. Organizadores de ejércitos, conductores populares sin igual, persistentes hasta los últimos días de sus vidas.
El legendario Comandante Manuel Marulanda Vélez con sus compañeros de dirección dejo todo organizado, estatuido, reglamentado, normatizado y las líneas generales para hacer realidad nuestro proyecto revolucionario.
En todos los eventos donde él participo, siempre nos inculcó la lucha por la paz con justicia social y soberanía, la dignidad de ser guerrilleros donde reina la fraternidad, solidaridad, persistencia, lealtad, austeridad, verdad, honradez, sencillez, modestia, capacidad física y moral para enfrentar todas las dificultades sin vacilación de la vida guerrillera, ni el más intenso dolor, hambre, sueño y cansancio nos doblega, así fue la intensa vida de nuestro comandante Marulanda, con firmeza enfrentó a la cabeza de sus camaradas a enemigos poderosos, políticos militares y siempre salió triunfante, su pensamiento es el de las FARC EP, por esa razón, el Estado Mayor Central, el Secretariado y toda la guerrillerada estamos unidos, cohesionados actuando sobre lo ya elaborado que es nuestra línea política militar, la vamos actualizando a la luz del Marxismo leninismo de acuerdo a la realidad Colombiana.
Nuestra gran tarea es contribuir en la organización del pueblo y entre todos acabar las causas que han generado las desigualdades sociales y la violencia estatal contra los humildes de nuestra patria.
Las colosales cualidades revolucionarias de Manuel Marulanda Vélez son patrimonio de las FARC- EP y de todos los pueblos del mundo, 60 años luchando en diversas formas por la vida y el bienestar común, con un desprendimiento total de la propiedad privada, siempre marcho a la vanguardia de sus camaradas, jefe indiscutible, con enorme capacidad y don de mando, solo su presencia repleta de autoridad moral era suficiente para resolver las grandes dificultades de los momentos críticos que hemos tenido en nuestros 44 años de existencia.
Es por eso que las FARC- EP nunca desfallecemos, somos fieles a lo que entre todos hemos planificado.
Cuando él se marcho de la vida, de inmediato nos reorganizamos, designamos comandante del Estado Mayor Central al comandante Alfonso Cano, distribuimos entre todos las distintas responsabilidades, completamos el Estado Mayor Central y reajustamos las diversas direcciones que existen en este ejército guerrillero e irregular.
Todo el Secretariado en cabeza del comandante en Jefe Alfonso Cano dirigimos a las FARC- EP en dirección colectiva, con base a la línea que tenemos, aquí lo que hay es dedicación al trabajo revolucionario. Es que todo está armado, falta es que la mayoría del Pueblo Colombiano se una a nuestra plataforma, al movimiento Bolivariano y todo lo que hemos proyectado, así no dan un brinco los paramilitares de la casa de Nariño, la oligarquía genocida la llamamos a juicio e instauramos un gobierno de reconstrucción y reconciliación nacional.
En Colombia continúan madurándose con celeridad las causas objetivas que reclaman transformaciones revolucionarias, pero hace falta desarrollar a plenitud los factores subjetivos. Así, no habrá ni oligarquía ni imperio que valga.
El mejor homenaje que podemos rendir a nuestro comandante en jefe es el crecimiento en todo orden, educación y combatividad de las FARC-EP, milicias Bolivarianas y Populares, el PCCC, movimiento Bolivariano y organizaciones populares.
Todos juntos con el pensamiento de Manuel, Jacobo, Raúl Reyes, Nariño e Iván ríos, Adán Izquierdo llegamos al poder.
Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC EP.
Montañas de Colombia. Marzo 23 del 2009.

CARTA DE LAS FARC EP A LOS PRISIONEROS DE GUERRA

20 de Marzo de 2009

CARTA DE LAS FARC-EP A LOS PRISIONEROS DE GUERRA

Señores Oficiales y sub - oficiales del ejército y la policía retenidos por las FARC - EP como prisioneros de guerra:

Cordial saludo. La presente tiene por objeto, darles a conocer algunas opiniones de los guerrilleros que integramos las FARC - EP y escuchar las de ustedes:

Ante todo, déjennos decirles que ustedes, en lo personal no son nuestros enemigos, pues no escapa a nuestra comprensión la situación personal y familiar que atraviesan, como la de centenares de guerrilleros presos actualmente en distintas cárceles, en su condición de prisioneros de guerra, porque esta guerra ha tocado muy hondo el alma de todos los colombianos.

No hay pues, nada personal en esto. Tal vez ni nos conocíamos, y a lo mejor, en otras circunstancias, hasta pudiéramos haber sido amigos, pues somos compatriotas; solo que hasta ahora, estamos enfrentados, porque militamos en bandos diferentes y defendemos intereses opuestos en esta guerra que le han declarado los distintos gobiernos de la oligarquía al pueblo colombiano.

En nuestra opinión, ustedes están defendiendo unas instituciones corruptas y a una clase dirigente, responsable de las peores tragedias de nuestro pueblo, y con eso creen estar defendiendo la patria. Y en su opinión, seguramente nosotros merecemos los peores epítetos, pues estamos subvirtiendo el orden público que a ustedes les obligan defender.

Paradójicamente, ustedes y nosotros pertenecemos a la misma clase social, y, junto a una inmensa mayoría de colombianos, padecemos las consecuencias de una política anti popular y despiadada contra los intereses de las mayorías, practicada por los sucesivos gobiernos que representan los intereses de las clases dominantes.

Los invitamos a reflexionar sobre los siguientes puntos:

Colombia, a pesar de ser una nación privilegiada en recursos naturales y humanos tiene uno de los índices más altos de pobreza, corrupción, represión y desigualdad que hay en el mundo. A eso hemos llegado, porque la casta política en el poder, plutocrática y latifundista, ha sido incapaz de resolver la condición de miseria y desigualdad que vive el país, porque su mezquindad ha impedido la construcción de un proyecto de nación en que quepamos todos, que unifique el sentimiento patriótico y recoja los anhelos de igualdad, soberanía y dignidad que nos legaron los fundadores de esta nación y los verdaderos padres de la patria.

En vez de eso, lo que tenemos es un país en el que una inmensa masa de ciudadanos trabaja, sufre y padece, al servicio de una pequeña cúpula de privilegiados, políticos corruptos, mafiosos, banqueros desalmados, terratenientes retrógrados y, codiciosos empresarios, ligados al capital extranjero.

Para garantizar sus privilegios y mantener intacto todo ese injusto estado de cosas, quienes detentan el poder, le han cambiado el carácter y la naturaleza a las Fuerzas Armadas de la nación, cuya razón de ser, según el apotegma que nos legara El Libertador, es la defensa de la vida y honra de todos los colombianos, así como de la soberanía patria, para trocarlo en un vergonzoso instrumento clasista de represión contra sus propios hermanos nacionales, y defensoras a ultranza de intereses extranjeros y de en el poder, al extremo de llegar a considerar a sus propios hermanos nacionales como enemigos a vencer en una "guerra interna".

Como expertos sofistas han hecho repetir hasta volverlo artículo de fe, que este ejército manchado de sangre del pueblo y paramilitar que tenemos, es dizque de la patria. Obrar con "patriotismo" sería, entonces, defender los intereses y los valores de las clases dominantes.

La Patria, en la acepción oligárquica, son las clases dominantes, lo que ellas poseen y lo que las representa. Obrar con patriotismo seria entonces, defender los intereses y la escala de valores de las clases en el poder. La oligarquía confunde la patria con su Capital.

Por eso, cuando a la Fuerza pública le toca intervenir en un conflicto laboral, van derecho a reprimir a los obreros o a los campesinos. Nunca a los patrones. Con las manifestaciones pasa lo mismo. En ocasiones, infiltran provocadores, y cuando se crea el pretexto, están listos a aplastar con violencia la protesta.

Pero, si se trata de un reclamo que está organizado por la burguesía, saben que no pueden reprimir. La Fuerza Pública ha sido educada para hacer esta distinción, soldados y policías saben, sin que se lo repitan, que con los de arriba no hay que meterse, o mejor, que les deben sumisión y respeto, hagan lo que hagan.

Se ha llegado hasta el extremo de afirmar que tal ejército clasista es la encarnación de la "Patria". Y por el camino de estos exabruptos hemos llegado a ver la "Patria" dizque "encarnada" en personajes siniestros, verdaderos truhanes como Rito Alejo del Río, Iván Ramírez o Mario Montoya y hasta por Uribe y Juan Manuel Santos. Así pues, el mito de que tenemos un Ejército "nacional", que nada tendría que ver con intereses de clase o partidistas, y que solo estaría comprometido con "la Patria" es una fábula que se cae sola, pues está más que comprobada la participación directa de la Fuerza Pública en masacres y asesinatos contra la gente humilde. El escándalo de los mal llamados “falsos positivos” no es más que la punta del iceberg de un genocidio contra el pueblo que se viene cometiendo hace décadas. Está probada su complicidad con los crímenes de los paramilitares para permitirles impunemente la apropiación de tierras.

Desde luego, esta realidad no va a desaparecer con “explicaciones” cínicas, que pretenden tapar la política delictiva de las Fuerzas Armadas con el “argumento” de que se trata de “casos aislados”. Miles de casos comprobados conspiran contra esta falacia.

En contra posición, para nosotros y la mayoría de colombianos la Patria es ante todo, el territorio de la Nación, con su biodiversidad y con sus riquezas naturales. La Patria es también la población y la cultura, que con sus manos y su inteligencia han creado las gentes de nuestro pueblo.

De tal modo que los 45 millones de colombianos somos parte integrante de la Patria. Por eso, cuando las cifras hablan de 34 millones de compatriotas viviendo en la pobreza absoluta, es la Patria la que está empobrecida.

Y cuando hay millones de compatriotas que viven en tugurios, es la Patria la que no tiene techo. Y los miles que mueren por falta de asistencia médica? Y los niños que se quedan sin escuela? Y los millones de campesinos desplazados por el terror oficial y paramilitar? Será que esos no hacen parte de la Patria?

Por eso decimos que ceder la dirección del ejército al Pentágono o convertir la policía en apéndice de la DEA o entregarle el petróleo, el carbón o nuestra biodiversidad, etc., a compañías extranjeras, son actos antipatrióticos, y los que lo hacen, auténticos apátridas.

No estamos inventando nada. Desde sus orígenes, Colombia es un país que ha sido gobernado por sus clases dominantes bajo la retrograda divisa de: a sangre y fuego.

La Violencia ha sido el modus operandi de nuestros gobernantes. Las llamadas “guerras civiles” en el siglo XIX se sucedieron una tras otra, impuestas a capricho de uno y otro gamonal, con una regularidad casi natural. Pero, fue a partir de los gobiernos del conservador Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez (1946 - 1953), cuando esa violencia asumió formas dantescas. Los chulavitas y los pájaros sembraron de muerte todo el territorio nacional. La destrucción total de pueblos y veredas, el desplazamiento forzado de miles de campesinos, el imperio del miedo en las ciudades y la Violencia, fue como un huracán que lo asolaba todo y no dejaba nada a su paso.

Jamás ha habido en nuestra patria democracia real, porque un Estado que hace de la violencia, el asesinato sistemático de sus opositores y de la impunidad, su principal ejercicio político, jamás podrá ser democrático.

Así fue como llegamos a esta guerra que libramos actualmente, porque hubo algunos que no soportamos más tanta iniquidad y en defensa propia, de la vida y de nuestro pueblo, nos alzamos en armas.

Como verán, ni nuestro alzamiento ni esta guerra que nos impusieron, surgió por dogmatismos ni generación espontanea. Una larga historia la precede.

Y es así, como luego de duros y cruentos combates librados a lo largo y ancho de la geografía patria, como sucede en todas las guerras, -y en Colombia hay una guerra- ustedes fueron hechos prisioneros. Muchos de los nuestros también lo fueron.

Hemos respetado, según está establecido en nuestras normas y principios, su integridad y su dignidad, sin torturas, sin vejámenes ni interrogatorios denigrantes, y si hemos tenido que recurrir a cadenas es solo porque en las condiciones de una guerrilla móvil, que lucha en la selva, que no posee estructuras carcelarias y en medio de un asedio permanente, no existe otro medio que garantice su aseguramiento.

Las FARC - EP no tienen ni tendrán en el desenvolvimiento de la resistencia y lucha de emancipación, el historial de crueldad que en cuanto al trato a prisioneros, pretenden establecer sus enemigos. Lo que sí existen son evidencias de la forma como se manipula información falsa para desprestigiar en este campo a la insurgencia.

Muy al contrario del trato que se da a los guerrilleros presos en las prisiones del régimen como ocurre por ejemplo, con el digno Simón Trinidad, a quien mantienen en una cárcel de alta seguridad, durante hace mas de 6 años, las 24 horas del día en un cajón de concreto, con las luces encendidas, con vista a nada diferente que las cuatro paredes de la gaveta en que suele estar y encadenado de pies y manos, sin que se pueda alegar en este caso razones de seguridad, sino de sevicia con el prisionero.

En toda guerra, en todos los tiempos y en todos los lugares del mundo cuando como resultado de la confrontación las partes capturan prisioneros, se procede al intercambio.

No obstante, esta oligarquía no quiere ahora mover ni un solo dedo para aprobar la Ley de Canje que permita la liberación de sus prisioneros, así como de los guerrilleros, recurriendo a métodos arteros y de baja estofa, al sofisma de la traición y del engaño, prolongando innecesariamente el tiempo de retención de esos oficiales y sub-oficiales, que ellos mismos enviaron a la guerra y que vieron morir sus compañeros en el combate, arriesgando la vida, para defender los intereses económicos de unos plutócratas insensibles y las instituciones podridas de un Estado mafioso.

Poco les importa porque no es la oligarquía la que sobrelleva el peso de la guerra, ni los hijos de los grandes capitalistas, terratenientes o politiqueros, sino los hijos de los pobres los que sirven de carne de cañón para su guerra. A todas estas vale la pena preguntarnos: por qué en Colombia los hijos de los ricos no pagan servicio militar? Si son ellos los que se benefician de la guerra? O será que en las selvas de Colombia habrán quedado algún a vez, los restos de algún hijo de los linajudos Santo Domingo, los Sarmiento Angulo, de Ardila Lule, de los fantoches Santos o del bravucón de Uribe?

Qué va! Los unos están disfrutando las canonjías de alguna embajada del primer mundo, otros, pasando el año sabático en universidades europeas y los más, entregados a la dolcevita, porque nuestra clase dominante solo practica el único patriotismo que conoce: el patriotismo hedonista, bocón y sibarita.

Así las cosas, qué interés pueden tener en que se le ponga fin al cautiverio de unos hombre de armas? Ninguno!

El sueño de las clases dominantes, en Colombia, siempre ha sido el de ponerle fin al crónico conflicto armado, sin ninguna consecuencia política que afecte sus egoístas privilegios. Esto es, que los pobres agachemos la cerviz, y que el statu quo no sufra la más mínima modificación que los perturbe. Según ellos, los guerrilleros, simplemente, entregarían sus armas e ipso facto quedarían reinsertados, o si lo prefieren, según propuesta del autócrata de turno, podrían irse a vivir a Paris, a los Campos Elíseos.

No es serio sino cínico y desalmado pensar así, después de tantos años de guerra, y después de la carnicería a la que para conservar sus privilegios han sometido a todo el pueblo colombiano. La burguesía, cree que todo en la vida es mercancía, todo lo reduce a los negocios, porque no conoce de la dignidad.

Por nuestra parte hemos dicho que seguiremos luchando por el canje, por una ley que oficialice el intercambio humanitario de prisioneros, que abra las puertas al inicio de un proceso de paz que ponga fin a la guerra que vivimos y siente la bases para la construcción de una Nueva Colombia que haga incluyente del progreso a los pobres.

Mientras eso acontece, los guerrilleros de las FARC EP seguiremos luchando por nuestro pueblo y por un cambio en las estructuras sociales que conduzcan a que en Colombia conquistemos esa paz con Justicia Social que es el sueño de todos los colombianos, la que no es posible alcanzar sin unas profundas reformas sociales y políticas y de un modelo económico que integre a los millones de desplazados, a las mayorías empobrecidas y a todos los excluidos por la oligarquía del sueño de tener una patria para todos. Sin eso, no hay estrategia militar por muy financiada que esté, que pueda acabar con este conflicto que vivimos.

Compatriotas, FARC - EP

Secretariado del E. M. C

FARC - EP

Montañas de Colombia, Marzo 15 del 2009

LOS HOMBRES MUEREN, LAS IDEAS PERDURAN

27 de Febrero de 2009
LOS HOMBRES MUEREN,LAS IDEAS PERDURAN

El primero de marzo de 2008, en una operación conjunta del ejército colombiano y fuerzas de seguridad norteamericanas, violando en forma descarada la soberanía de la hermana república del Ecuador, dirigidas y orientadas desde las bases gringas de Tres Esquinas en el Caquetá, y Manta en el Ecuador, murió nuestro comandante Raúl Reyes cuando dedicaba todos sus esfuerzos para desbrozar los caminos que nos permitieran confluir con todos aquellos, que al igual que nosotros, sueñan con una Colombia en Paz con Justicia Social, Dignidad y Soberanía.
Un golpe sensible para nuestra organización. Pero mucho más, fue una puñalada trapera a la posibilidad real de conquistar la paz en Colombia. Lo que hasta ese momento se había forjado fue destruido de un solo tajo. Raúl, digno representante de la clase obrera colombiana, venía concertando contactos con voceros de la sociedad colombiana y de la comunidad internacional en aras de impulsar y hacer realidad el Acuerdo Humanitario y sentar las bases para iniciar la búsqueda de la salida política al conflicto colombiano. Raúl fue un fiel intérprete de la vocación de paz de las FARC-EP, en función de lo cual no escatimo esfuerzo ni sacrificio hasta llegar a ofrendar su vida.
No satisfechos, los enemigos de la paz encabezados por Álvaro Uribe, tomando como base documentos incautados realizaron un burdo montaje contra personalidades de Colombia y el exterior con el único propósito de taponar hasta el más mínimo resquicio que nos permitiera seguir avanzando en la construcción de soluciones distintas a la guerra.
Olvidaron que la esencia de la FARC-EP y sus razón de ser es la Paz, entendida como la reconciliación y la reconstrucción de nuestra Patria sobre la base de parámetros nuevos que garanticen la repartición equitativa de la riqueza que produce nuestro laborioso pueblo, que erradique la miseria, que garantice la participación de todos en las grandes decisiones, en resumen, que priorice al ser humano y su entorno. De ahí que hemos seguido reconstruyendo esos senderos por encima de la adversidad y enfrentando la mayor ofensiva mediática y militar que organización alguna haya sufrido en América Latina. Muestra fehaciente son las liberaciones unilaterales de prisioneros de los últimos días.
Siete días después muere nuestro querido comandante Iván Ríos, asesinado de forma aleve y traicionera. Crimen que pasará a la historia universal de la infamia. Toda la orgia mediática y las declaraciones de los personeros del régimen que se generaron alrededor de esta felonía, pusieron de presente una vez más su catadura fascista y los valores morales y éticos que los identifica.
Con la muerte de Iván perdió Colombia otro adalid de la Paz. Nunca olvidaremos su trabajo diligente y constante en aras de construir consenso, su jovialidad, optimismo y la profunda confianza en el proyecto fariano.
Desde estas trincheras que durante años compartimos con Raúl e Iván, a un año de su desaparición física, podemos decirles que otros han ocupado sus puestos y hemos redoblado esfuerzos en aras de hacer realidad la construcción de la Patria Grande y el Socialismo, garantía para que haya Paz en Colombia.
Gloria eterna a la memoria de Raúl e Iván.
Montañas de Colombia, Marzo 1 de 2008
Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP

REALIDADES DE LA GUERRA QUE VIVE COLOMBIA

13 de Febrero de 2009

REALIDADES DE LA GUERRA QUE VIVE COLOMBIA

Por: GABRIEL ANGEL

¿Por qué si se ha desmovilizado la mitad de las FARC y la otra huye acorralada por el Ejército, es necesario aumentar siete billones de pesos el presupuesto para combatirlas?

El suelo de la selva, durante el verano, adquiere una rica multiplicidad de tonos que van desde el rojo más suave al ocre intenso. Para esta época, es una delicia transitar bajo la sombra que regalan las ramas de los árboles gigantes, sin tropezarse con pantanos ni barrizales. El piso es firme, tanto que si la caminata es larga, consigue causar dolor en las plantas de los pies y hasta lastimar su piel. La alfombra formada por las hojas secas que caen unas tras otras de las ramas mecidas con suavidad por el viento, se convierte en una oportuna alarma que da cuenta del mínimo movimiento humano o animal en las cercanías.

La temporada seca comienza desde mediados de diciembre. Coincide con las celebraciones de navidad y año nuevo que tienen lugar en todas las unidades guerrilleras. Normalmente se matan gallinas y marranos, se preparan natillas, chicha y buñuelos. Se celebran grandes bailes que comienzan desde bien temprano en la mañana y terminan antes de que caiga la noche. Mientras la alegría de los revolucionarios se despliega de manera libre y fraterna, cruzan amenazantes por encima los helicópteros artillados y los aviones de guerra. La tropa puede hallarse a tres o cuatro kilómetros de distancia. No importa, decenas de ojos vigilantes permanecen atentos a sus movimientos.

Los comandos guerrilleros móviles, fuerzas ligeras y veloces de combate, jamás dan tregua al enemigo. Ubican con precisión sus campamentos de paso, siguen talentosos sus desplazamientos, hostigan en el momento más inesperado, siembran pequeñas minas a su paso, desesperan y paralizan al más osado batallón de la contraguerrilla. Los helicópteros harpía, formidables máquinas de destrucción y terror, se ven en aprietos cada día mayores para garantizar que los helicópteros de transporte de logística y tropa puedan cumplir su misión sin sobresaltos. Mientras los guerrilleros bailan al ritmo de la música de modernos aparatos de sonido, los soldados profesionales suplican por una llamada a casa.

Son realidades de la guerra que se libra en Colombia y de la cual la gente muy poco conoce, desinformada como está por completo por las grandes cadenas de prensa. Las versiones propagandísticas del ministro Santos, que todo los días conoce el paradero de los miembros del Secretariado de las FARC pero no consigue golpearlos, así como los fabulosos partes de guerra de los generales del Ejército y los constantes discursos del Presidente en los que se refiere a la oposición política armada en los peores términos, no logran transformar la verdad que retumba en el verano de la selva con la misma o superior fortaleza que las bombas que lanzan al vacío los supersónicos aviones de guerra.

Los mandos militares no sólo temen a los comandos móviles de las guerrillas, tienen sobre todo pavor a la acción concertada de varias compañías guerrilleras. Saben con exactitud que una patrulla que por equivocación, descuido o azar se aleje de las otras un trecho más allá de lo permitido, corre el riesgo de ser engullida de manera fulminante. El poderoso ejército de la seguridad democrática tiene miedo de ser duramente escarmentado. Y además, de ser desmentido de manera pública y aplastante. Su afán de golpear y derrotar, queda frenado en seco ante la mera posibilidad de sufrir un fracaso contundente a manos de la insurgencia revolucionaria cuya derrota ha proclamado tantas veces.

Es la única explicación de la serie de matanzas que dieron en llamar falsos positivos. Las Fuerzas Armadas no podían presentarle al país sus propias bajas, escandalosamente elevadas como silenciadas. Sería demasiado vergonzoso para ellas. Pero al menos podían presentar a la galería las bajas ocasionadas en las filas guerrilleras. Si no las había, o eran pocas, había que conseguirlas de algún modo. Una miserable mentira más de las que sin pudor alguno echan los poderosos a rodar en la guerra. Otras podrían ser la desaparición de los grupos paramilitares, ahora denominados bandas emergentes al servicio del narcotráfico, o el fin de los desplazamientos, que debieran llamarse destierros forzados, en lugar del ridículo artilugio grupos humanos en situación de desplazamiento que quieren imponer los medios.

Los guerrilleros de las FARC se hallan en el mejor estado este verano. Eso, obviamente, no lo dirán los noticieros. Llevan siete años librando la más dura fase de la guerra contra el imperialismo y la oligarquía. Cada uno de ellos es siete veces mejor combatiente que lo que era al empezar la gigantesca arremetida de sus enemigos. Atrás quedaron los planes Colombia y Patriota. Atrás quedaron las muertes de Raúl Reyes e Iván Ríos. Marchan iluminados por el ejemplo de sus invencibles fundadores Jacobo Arenas y Manuel Marulanda Vélez. En todos los rincones de Colombia, las FARC enfrentan con sorprendente valor a un ejército desconcertado por el tamaño de la resistencia. Y lo tienen mal, muy mal.

La militarización terrorista del Estado se multiplica sin tregua. Como embrujados por la estupidez, ninguno de los hacedores de opinión se pregunta por qué si las guerrillas están disminuidas, desmoralizadas y a punto de rendirse, cada día se hace necesario crear otro batallón de alta montaña u otra brigada móvil. Por qué si se ha desmovilizado la mitad de las FARC y la otra huye acorralada por el Ejército, es necesario aumentar siete billones de pesos el presupuesto para combatirlas. Por qué se necesitan más y más aviones bombarderos para destruir lo que ya está desmoronado. ¿No será más bien que nada resulta eficaz contra un disciplinado ejército revolucionario que cuenta con inmenso apoyo popular?

Las fuerzas militares colombianas se parecen cada vez más a esa ardilla que al comienzo de la película La era del Hielo 2, se esfuerza por evitar que se rompa la presa, tapando una a una con sus patas y luego con la trompa, las grietas que la presión del agua abre en la pared de hielo. El impetuoso torrente de la lucha armada revolucionaria, calumniada y negada mil veces por los apóstoles neoliberales del régimen, resultará inmensamente superior a sus enemigos. Hace buen tiempo en la selva, calor intenso. La carrera de una pequeña lagartija sobre las hojas secas induce a los matones profesionales llamados soldados voluntarios, a buscar protección contra el fuego que piensan se avecina tras la bulla. El cielo azul los observa. Sabe que están perdidos, un ave chilla por sus almas.

ASI ES LA LUCHA, ASI ES LA VIDA

11 de Marzo de 2009
ASÍ ES LA LUCHA, ASÍ ES LA VIDA
Colombia, la falsa democracia que apesta

Por: GABRIEL ANGEL
Sale a la luz pública una declaración judicial del tal don Berna, extraditado por Uribe a los Estados Unidos. En ella se consigna, tal como lo difunden las agencias internacionales, que el hasta hace unos meses Comandante del Ejército de Colombia, general Montoya, por la época Comandante de la Cuarta Brigada del Ejército, pactó con los grupos paramilitares un plan de acción conjunta para la erradicación de la presencia guerrillera en las comunas de Medellín en el año 2002. Da cuenta el tal don Berna de las masacres indiscriminadas practicadas en esa ciudad por sus hombres, aliados y hermanados con los buenos agentes de la Policía Nacional que dirigía en la capital antioqueña el general Gallego, y con las juiciosas tropas subordinadas a las órdenes del general Montoya.

Es el mismo general Montoya a quien Uribe tuvo que sacar a toda prisa del Ejército por cuenta del escándalo de los falsos positivos. El que fue calificado de héroe de la patria y ejemplo para las generaciones futuras por el propio Presidente al aceptarle la renuncia. Resulta imposible evitar la asociación con el caso del general Rito Alejo del Río, investigado y absuelto por las vinculaciones con el paramilitarismo de Urabá, hasta cuando Mancuso lo señaló como el hombre que inculcó a los paramilitares la necesidad de portar uniformes militares y darse aires de organización política. De nuevo sindicado, el general del Río afronta procesos por cuenta de las declaraciones de otros jefes paramilitares que lo vinculan a operaciones conjuntas de exterminio. También él fue declarado héroe nacional por Uribe, quien incluso organizó en su favor un homenaje de desagravio que el país no olvida.

Estos hechos que hasta para un retardado mental indican la catadura moral, los intereses y la verdadera condición del Presidente y el régimen político que lo sustenta, con toda seguridad que contribuirán a aumentar su popularidad en las encuestas. No es extraño que suceda. En días recientes, los medios difundieron con toda amplitud los resultados de un estudio supuestamente muy serio, según el cual la inmensa mayoría de colombianos están completamente de acuerdo con la persecución del ejecutivo a las cortes y aplaudirían sin objeción cualquier medida adoptada por el Presidente para aniquilar definitivamente la fastidiosa oposición legal a su gobierno. Lo que verdaderamente queda claro para quien quiera ver, es que un personaje como Uribe merece toda la confianza de quienes promocionan y difunden los resultados a su favor obtenidos en las pomposas consultas a la opinión pública.

No es la voz del pueblo la que se expresa en las encuestas. Es la voz del imperio y la oligarquía que con el mayor desenfado suplantan la voluntad popular, mediante una manipulación mediática que haría rabiar de envidia a los propagandistas nazis del Tercer Reich. Si hay algo que los grandes medios de comunicación colombianos practican, es la consigna hitleriana de que toda mentira repetida cien veces se convierte en verdad. Llaman por ejemplo democracia, o régimen democrático o instituciones democráticas, al marco constitucional y legal vigente en Colombia. Régimen que si se lo examina en la realidad material y no en el discurso académico, se revela en toda su crudeza como la más perfecta representación del terrorismo de Estado. No es cierto que exista una democracia colombiana. Ni que existan instituciones democráticas por salvar de la arremetida uribista. Dentro de los rigurosos marcos de la legalidad, no hay lugar sino para quienes estén con el régimen y lo defiendan.

No percatarse de esa verdad constituye el más peligroso descuido de los dirigentes de la oposición. Allá cada quien con su táctica de lucha, es una virtud humana concebir toda clase de caminos para avanzar, sin apegarse a uno solo. Mal podríamos condenar a quienes exponen su vida y su libertad por causa de una idea noble. Pero no pueden desconocerse la fiereza y la brutalidad del enemigo al que se enfrenta. Constituye un pecado mortal irreparable dejarse adormecer por sus cantos de sirena. Más que ingenuidad, llama a sospecha ese tipo de pensamiento según el cual, con tal de frenar la reelección de Uribe, vale considerar aliarse hasta con el demonio. No se puede incurrir en el error de creer que el enemigo es Uribe y no la clase o los intereses que él representa. El esfuerzo del movimiento popular debe estar dirigido a fundar una Colombia nueva, a crear y consolidar una democracia verdadera, no a oxigenar ese remedo apestoso de democracia que excluye por completo la voluntad de las mayorías.

Porque es la opinión de las grandes mayorías colombianas la que no cuenta en las decisiones del Estado y del gobierno. Eso hay que sentirlo y decirlo sin miedo. A los colombianos hace mucho tiempo que lograron embutirles en la cabeza que sus intereses son en realidad los de las minorías. Como si las pretendidas mayorías que conducen el Estado no hubieran accedido al poder mediante un paulatino y creciente imperio del terror y la muerte. Como si no estuviera certificado de mil modos distintos, que sus discursos de paz y seguridad están lanzados desde una pila impresionante de cadáveres despedazados por sus motosierras. Como si para llegar allá no hubieran requerido de décadas de desangre de la oposición inerme. De la más repugnante corrupción, de las más tenebrosas alianzas criminales. Es esa farsa lo que llaman democracia en Colombia, país donde las llamadas minorías tienen el sagrado derecho de pensar como los gobernantes so riesgo de morir o podrirse en una cárcel.

Es completamente falso que la nuestra sea una nación de derecha, fascista, ultrareaccionaria. Así es desde luego la clase que se ha hecho al poder y pretende hacerse pasar por las mayorías. La clase que convirtió las fuerzas armadas en su partido político. Cada soldado, cada policía, cada pensionado por el Ministerio de Defensa, cada agente del gobierno tiene la obligación de afiliar a su familia y a sus subordinados a las huestes del régimen. Desde los más humildes barrenderos hasta los más pedantes funcionarios de cada departamento, municipio o institución pública de cualquiera de los niveles de la Administración, deben figurar en las redes de cooperantes del régimen si no quieren quedarse sin el puesto o la cabeza. Cada empresario industrial o agrícola, del sector financiero o el comercio está obligado a movilizar sus trabajadores para atender sin demora los llamados oficiales. Es a eso lo que los grandes medios de comunicación aplauden como la atronadora voz del pueblo colombiano.

Y es eso lo que no puede tragarse ingenuamente la izquierda, convencerse a sí misma de que es una minoría condenada a perder si no se presenta aliada con voceros caracterizados del régimen. Si no juega de manera exclusiva con las reglas impuestas por ellos. ¿Que así es muy difícil la lucha? Si lo sabremos nosotros que salimos de allá esquivando los sicarios. ¿Que en esas condiciones estará eternamente condenada a ser oposición y no gobierno? Es lo que repiten algunos airados. Los que temen perder la bendición tan largamente suplicada al Establecimiento. Los que piensan que lo importante es ascender, aunque sea para lamerle los tacones a los de más arriba. Los que no creen realmente en la fuerza del pueblo, los que perdieron hace mucho su vocación de lucha, los que piadosamente hacen cola para ser absueltos. Los inventores de novísimas teorías.

Teorías como las de que el neoliberalismo ya no existe. Que quienes impusieron la flexibilización laboral, las privatizaciones y la apertura económica hoy día piensan distinto ante el fracaso del modelo. Que hoy son demócratas, mentes progresistas enemigas del fascismo. Invocan como prueba la nacionalización de la banca en Gran Bretaña y algunos otros países europeos, la amenaza de Obama de nacionalizar en los Estados Unidos. Aseguran que la revaloración del papel del Estado es el golpe mortal a las tesis neoliberales. Como si simplemente la banca no se estuviera salvando y refinanciando con los dineros de todos, para luego volver a las manos de sus únicos y avaros propietarios. Como si en lugar de estar dando la mano a los grandes consorcios multinacionales para ayudarlos a sortear la crisis, los Estados tuvieran en curso un plan de salvamento para los millones de obreros y trabajadores.

El afán de reconocimiento por parte de los poderosos mueve a tentaciones infames. Hace olvidar la clase a la que se dice representar y defender. A veces, lo que no consigue lograr el terror con sus métodos ejemplarizantes, lo consigue la ambición con sus raposerías. La claudicación de los principios, la apostasía de los ideales. Eso me hace recordar la reciente captura de un dirigente sindical en un campamento guerrillero. El régimen está de fiesta. Exige humillantes explicaciones a la dirigencia obrera. Advierto que no he visto jamás a esa persona. Que ignoro si realmente será lo que dicen. Lo que no impide que afirme, que si en realidad representa los intereses de los campesinos y trabajadores del agro de este país, el lugar más indicado y digno donde pudiera encontrarse, era precisamente en un campamento de las FARC. Ese sí que no estaba en el lugar equivocado. Pase lo que pase con él. Así es la lucha. Sería impensable, en cambio, que él saliera a pedir todo el peso de la ley para algún compañero suyo sorprendido en las mismas circunstancias. Así es la vida.

La Perversa Moral de la Seguridad Democratica

20 de Marzo de 2009


La Perversa Moral De La Seguridad Democrática

Por: GABRIEL ANGEL

La moral es un asunto humano, comprende juicios de valor que los hombres hacen de acuerdo con su entorno histórico. La moral no proviene de la voluntad divina, se desprende del pensamiento colectivo de una sociedad. Si dicha sociedad se encuentra enmarcada dentro de rigurosos marcos religiosos, es muy probable que su moral tienda a identificarse con preceptos de esa índole. Pero porque la mentalidad colectiva así lo impone. En aquellas sociedades que han logrado reducir la cuestión religiosa al ámbito exclusivo de la conciencia, la moral no desaparece, simplemente se revela en su entorno natural, el de la costumbre.

Es moral todo aquello que la costumbre de una sociedad admite. El problema real se presenta cuando al examinar la sociedad se descubre que ella no es una totalidad homogénea, sino que está conformada por seres humanos que producen bienes para su subsistencia y confort, seres humanos que en el proceso de la producción material resultan diferenciados de manera nítida en distintas clases sociales. Y que en cualquier sociedad existen unas clases que han logrado imponerse sobre las otras. De donde resulta, para incredulidad de muchos, que la moral que identifica a una sociedad determinada, no es la expresión del sentir de toda ella, sino la expresión del interés de la clase o clases que han logrado hacerse al control de esa sociedad.

Aristóteles sostenía en su obra La Política que había hombres nacidos para mandar y hombres nacidos para obedecer. Una ley inmutable de la naturaleza que resultaba demasiado apropiada para una sociedad como la griega, en la que la mayor parte de la población estaba conformada por esclavos al servicio de unos cuantos amos. Durante la edad media, la Iglesia Católica, que era el mayor señor feudal de Europa, juraba contribuir a la mayor gloria de Dios enviando a torturas horripilantes y sentenciando a muerte en la hoguera, acusándolos de herejes, a todos los que se atrevían a poner en duda el dogma de su superioridad.

La esclavitud, las torturas y la hoguera estaban completamente admitidas y como vemos, justificadas, en sus respectivas épocas. Por los más importantes filósofos, por las más altas autoridades eclesiásticas. No creo que resulte demasiado atrevido imaginar que en realidad ese no era el pensamiento general, sino el que imponían por la fuerza y la culturización las clases dominantes de entonces. Las mujeres y los hombres condenados desde su nacimiento, o por obra de brutales ocupaciones militares a la esclavitud, debían pensar diferente. Al igual que las víctimas, los dolientes y simpatizantes de la herejía.

Pero no contaban, eran los sometidos. Sus ideas no tenían cabida. Igual podríamos decir de los comuneros de 1781 en el Nuevo Reino de Granada. La Corona española los consideraba bandidos y los decapitaba y mutilaba, además de prender fuego a sus bienes y regarlos con sal, porque era la costumbre de entonces. Costumbre nacida de los intereses del Imperio y los propietarios españoles, no de los indios, negros y mestizos oprimidos. Podríamos hacer una reflexión semejante sobre los obreros bananeros masacrados en Ciénaga en 1928, por amable insinuación de la embajada americana y fina atención del gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez. La moral avalada por el régimen difería de la de los proletarios abaleados.

Los cuatrocientos mil muertos que dejó la horrorosa violencia de mitad del siglo pasado, incluido el crimen de Jorge Eliécer Gaitán, y que tanta prosperidad económica significaron para prominentes jefes liberales y conservadores de entonces, fueron sepultados en el olvido gracias a los pactos secretos entre Alberto Lleras y Laureano Gómez al fundar el Frente Nacional. Jamás habría responsables de semejante horror. El clima de exclusión y represión política nacido de allí, pretendió ser elevado a costumbre general bajo la cobertura de la anhelada paz. Los de abajo, desposeídos y vencidos, juzgaron poco moral tal desenlace.

Las conveniencias de Washington y las ascendentes clase industrial, comercial y terrateniente criollas, no lograron convertirse en la percepción moral de toda la sociedad. Violentos conflictos revelarían que había otras maneras de ver la realidad, de concebir el futuro, que la verdad no pertenecía en forma exclusiva a los de arriba, que su moral era en realidad la inmoralidad convertida en costumbre. Marquetalia y 45 años de guerra intensa así lo demuestran. Trabajadores, campesinos, obreros, estudiantes, negros, indios, desempleados, informales, las clases inconformes se han encargado de certificarlo con su propia sangre.

Así hemos llegado al día de hoy, cuando los revolucionarios altruistas somos presentados como los perversos y malditos, mientras que los señores bien, la clase alta, los ganaderos, latifundistas, empresarios, banqueros y demás se presentan como los depositarios de la moral y las buenas costumbres. La cuestión es la misma del largo pasado, si bien las clases dominantes cuentan con recursos no imaginados en la era aristotélica. Ellas aseguran, por ejemplo, que carecemos de ideología, de principios, de moral, de decencia. Si se trata de las de ellas debemos decirles que sí. Pero encarnamos los sueños de los otros, que valen tanto o más que los suyos, porque son los de la mayoría de la población, así les duela.

La seguridad democrática aspira, y lo proclama sin pudor, a contar con un ejército de 44 millones de colombianos para enfrentar a las FARC. Entendemos que es un decir, aunque Uribe no vacilaría para insertar a los niños de pecho y los ancianos en la guerra. Por ahora comienza con uno o dos millones de informantes pagos, que seguro así figuran en la nómina, aunque más de la mitad del dinero se lo roben los mandos militares. Esos informantes tienen la misión de investigar y delatar todo lo que se relacione con nosotros o nuestra lucha. Se convierten en agentes de la inteligencia militar y policial. Aunque se vistan de civil. Se involucran en la guerra haciendo el papel de soldados enemigos.

Es decente y moral que el Estado colombiano, sus fuerzas militares, de policía e inteligencia, arriben a las regiones abandonadas y se aprovechen de la miseria de la gente, convirtiéndola, mediante unas monedas, en blancos condenados a muerte si son sorprendidos. Eso lo sabe bien el ministro Santos, y si no lo sabe, es porque es un pobre imbécil en manos de los Generales. Es moral que como consecuencia de los informes de inteligencia, mueran colombianos por montón o se atiborren las cárceles de gente humilde que trabaja por un país mejor. Pero es inmoral que caigan los informantes del Ejército. Permítanme creer que lo inmoral es haber condenado a Colombia a este terrible desangre y estar alentándolo a diario con dinero a manos llenas. Lo moral sería la solución política, y no jodan más.

*Combatiente de las FARC-EP