11.14.2007

Manifiesto Juvenil Bolivariano

“¡Oh, no! En calma no se puede hablar de aquel que no vivió jamás en ella: ¡De Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna o entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres en el puño, y la tiranía descabezada a los pies...!
José Martí (Discurso en honor a Simón Bolívar)
Prohibido Olvidar
La verdadera historia colombiana se resiste a quedar guardada en el baúl estéril de los recuerdos. Esa historia viva, plena de palpitaciones guerreras que han recorrido la sangre luchadora de nuestros ancestros, de nuestros abuelos y padres, es la historia que reivindicamos los JÓVENES BOLIVARIANOS. En momentos en que la memoria de los pueblos tiende a ser borrada por la barbarie de los poderosos, de los usurpadores que niegan la identidad popular, la vida y lo humano, y que convierten al dinero en Dios y Ley, deben volver a retumbar en las conciencias juveniles los llamados que evocan su infinita rebeldía; esa misma rebeldía de nuestros Taitas indígenas que valientemente enfrentaron la colonización española. Ese espíritu rebelde que se hizo presente de manera plena en cada compatriota que junto al Libertador Simón Bolívar combatió firme en la gesta de nuestra Primera Independencia.

Los jóvenes bolivarianos declaramos el reencuentro con nuestra memoria histórica. Anunciamos a los detentadores del poder, a los usurpadores vestidos de falsa democracia, la continuación y el avance de nuestra resistencia y lucha juvenil.

Las balas asesinas que silenciaron las vidas de Gonzalo Bravo Pérez en 1929, de jóvenes y estudiantes que sentaron sus voces de protesta en las jornadas del 8 y 9 de junio de 1954 y de aquellos que han caído en las ultimas décadas a manos del terrorismo de Estado en Colombia; la de las juventudes de nuestra América que armadas de valor, amor al pueblo y bravura, desafiaron la envestida de los tiranos y su dictadura ignominiosa. Esas balas criminales habrán apagado la luz de sus vidas pero no han podido destruir sus sueños, los mismos que siguen vivos en cada joven bolivariano de corazón.

Seguiremos el ejemplo de los jóvenes y estudiantes que conformaron el Movimiento Estudiantil de Córdoba, de aquellos que activamente participaron de las jornadas de Mayo del 68 en Francia y Octubre del mismo año en México y de las arrojadas juventudes de Cuba y Venezuela cuya unidad combativa y fuerza revolucionaria han sido vitales para enfrentar las más diversas y grotescas agresiones de los Estados Unidos, convirtiéndose en especial ejemplo de nuestros días. Ahora, más que nunca, retomamos su espíritu rebelde, su identificación con la lucha por los intereses más puros: los intereses populares.
El Bárbaro Capitalismo y su Ideología
Este es el sistema de la máquina, del autómata, del zombi. El sistema que reproduce sin fin copias de mercancías y nos arrastra trágicamente al ciclo del consumismo y el afán por la obtención de dinero, convirtiéndonos así en robots de la producción. Su ideología del sofisma y de la mentira crea imágenes falsas que penetran nuestras conciencias tornando la realidad en artificio y con descarado despotismo nos hacen vivir en un infierno de ilusiones. Vivimos así en la cultura vacua de la moda, del chicle, la coca – cola y la estupidez. Actuamos sin comprender lo que hacemos, imitando modelos extraños y extranjeros, avanzando velozmente al abismo de la esclavitud.

Asistimos a un panorama desolador para nuestra juventud colombiana. Las condiciones de pobreza y miseria, que el neoliberalismo ha impuesto a la gran mayoría de los jóvenes, golpean incansables como un martillo nuestras esperanzas de vida y de superación. La guillotina del desempleo corta cabezas día a día, dejando a miles de jóvenes marginados del mercado laboral; las posibilidades de trabajo digno son nulas y la oportunidad de acceder a la educación en cualquiera de sus niveles se hace un sueño remoto. Así, cada año, muchachos y muchachas de barrios populares y capas medias quedamos confinados a las esquinas de las calles, desesperados, mientras la burguesía y sus mercenarios economistas siguen amasando riquezas que no son suyas. Todo esto sumado al problema de la drogadicción, la discriminación y la persecución por los aparatos represivos del Estado configura la lúgubre realidad juvenil colombiana.

Hemos sido víctimas de una educación que se plantea de espaldas al trabajo, una educación de espaldas a las realidades y necesidades de nuestra tierra, de espaldas a la formación espiritual e intelectual de los jóvenes y de espaldas a la ciencia. Ésta, más que educación es una alienación, produce seres malformados, dogmáticos y sin conciencia de su espacio, de su época y de las circunstancias en que vive su pueblo.

La educación no debe ser simplemente la consecución de saberes instrumentales, el elevador para escalar en este individualista y egoísta sistema. Para nosotros la educación debe ser la formación del nuevo ser humano desde la más tierna edad y, sobre todo, un instrumento que nos permita comprender la realidad que nos rodea. Educar es poner al alcance de todos el saber general que las necesidades de la comunidad exige. La educación debe ser integral; es decir, debe dar al hombre formación física, intelectual y humanista. Reafirmamos – tal y como lo señaló nuestro Libertador – que la formación moral es un principio de ética indispensable en la creación de seres educados en la solidaridad social y en el amor a la patria. Declaramos con José Martí nuestro rechazo a la mediocridad y nuestro empeño para alcanzar una alta existencia: “...ser culto es el único modo de ser libre...”

Construyamos un Proyecto de Vida.

A pesar de todo, nuestros espíritus siguen siendo amables, valientes y soñadores; nuestras entrañas llevan consigo la calidez de un pueblo unido en el sufrimiento que resiste altivamente la guerra que se le ha impuesto. Los jóvenes revolucionarios no nos hemos ido, seguimos aquí, en cada espacio; ocultamos nuestros rostros ante la mirada fascista de un Estado que reprime brutalmente cualquier intento de reafirmar nuestra dignidad. Nuestros pensamientos y sueños siguen vivos, más fuertes que nunca, extendiéndose como aire que oxigena el ambiente empantanado de las conciencias mancilladas, susurrando como vientos de tormenta al oído de nuestros hermanos el deseo de unir esfuerzos y esperanzas.

Joven de futuro, somos el presente; es el momento de enfrentar la barbarie del Imperio. Es el momento de conformar un amplio movimiento de resistencia total para rescatar la identidad casi perdida y arrancarla de lo más profundo de la tierra, y reconquistar la alegría, la espontaneidad y la mentalidad brillante características de nuestra autenticidad latinoamericana.

Es hora de formar, como Caupolicán, huestes como bosques de hombres y mujeres que con fortaleza de roble, cicatrices de vida y savia de utopías enfrenten y confundan al opresor; que se alcen con clamor enardecido, empuñando la lanza popular y la espada fulgurante de Bolívar para atravesar el espíritu del capitalismo hasta verlo desfallecer y expirar.

Los Jóvenes Bolivarianos tenemos la responsabilidad histórica de emprender la lucha por el reconocimiento y terminar con la ignominia y el deshonor. Es la ocasión propicia e inaplazable para hacer converger los sueños, ilusiones, acciones e ideales de todos los jóvenes que soportamos la agresión. Somos los responsables del futuro.

Coraje y valentía para afrontar al tirano burgués y hacerle ver el rostro de la muerte.

Fuerza y decisión para empuñar el arma y rescatar la dignidad.

Organización y proyección para el arrojo audaz y certero en la búsqueda de una Nueva Colombia con principios de unidad, igualdad, justicia y felicidad.
“Mi espada no conocerá su funda mientras exista la injusticia”
Simón Bolívar.

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